miércoles, 12 de marzo de 2008

Burke e Iggers y la forma de hacer historia

Siguiendo con las reseñas sobre textos históricos, procedo con Burke e Iggers.


Tres lecturas de Peter Burke- Formas de hacer historia, Historia y Teoría Social y la Revolución Historiográfica francesa- y una de George Iggers, permiten aproximarse a las metodologías para hacer historia.

El objeto central de las lecturas es el de mostrar el desenvolvimiento y el punto de inflexión que ha tenido el estudio de la historia y su proceso de institucionalización.

La historia luego de pasar por un proceso de análisis de hechos y de circunstancias durante gran parte de la historia, tuvo un punto de quiebre en el siglo XIX, tiempo durante el cual se comenzaron a cuestionar los formas objetivistas de hacer la historia, basado como señala Le Goff en monumentos- documentos. Es decir, una historia que se escribía desde el poder.

Con la aparición de Ranke que empezó a ampliar el espectro de estudio, de Fustel de Coulanges- la ciudad antigua-, y de Michelet, la historia política se empieza a revaluar como única y se amplia de forma interesante a campos como la familia, el campo, la economía, el medio ambiente, etc. En esos años, se involucra la historia en los primeros institutos de investigación especializado en historia y en departamentos universitarios1.

Luego de esta pequeña inflexión histórica, se presenta una gran revolución iniciada en Francia por la escuela de los Annales, en cabeza de Marc Bloch y Lucien Fevre, quines desconocen el espíritu objetivista con el que se escribe la historia. Del mismo modo, revalúan lo que el profesor Simiand califica como los ídolos de la historia a derribar:

a. Ídolo político, aquel que se preocupa por la historia política, por los hechos políticos, por las guerras.
b. Ídolo Individual, aquella obsesión por los “grandes hombres”, estadistas, políticos, etc
c. Ídolo Cronológico, aquella costumbre de perderse uno en los estudios sobre los orígenes.

Estos tres ídolos, al igual que la forma narrativa de contar la historia y el análisis de una sola fuente de análisis- la documental-, fue rebatida por la ampliación del estudio de la fuente histórica- fotos, cifras, pinturas etc-, al igual que la forma de escribir la historia de abajo hacia arriba y no lo contrario. Se desafió al mismo tiempo el historicismo, definido, por Iggers como, aquella realidad que solamente puede ser comprendida en su desarrollo histórico.

En igual sentido, se estudió la historia a partir de problemas y con análisis de estructuras y no de acontecimientos, lo que llevó a plantear un método de estudio. En ese orden de ideas, los directores de Annales, acompañados por su sucesor en la revista, Fernand Braudel, se empeñaron en hacer historia total. Este tipo de historia no es otra cosa que el abordaje de distintos tópicos como la sexualidad, el amor, el medio ambiente, la sensibilidad, la mujer etc, que conllevó a que se interdisciplinara la historia con otras ciencias como la Economía, la Antropología, el Derecho y la Sociología.

Con los Reyes taumaturgos, Mediterráneo y la obra del inglés Hobsbawm se amplió el espectro de la historia cerrando su unanimismo por la objetividad que encerraba el estudio objetivo política y la historia contada desde arriba.

A mi juicio, la historia tiene que interrelacionarse con otras ciencias- teoría social- para poder subsistir. Con ello, se ampliará el objeto de estudio, así como las fuentes de utilización. Esa ampliación se apareja con la posibilidad de mantener estructuras propias que permiten criticar la fuente con los entramados derivados de sus paradigmas. De no hacerse la historia de ese modo se correrá el riesgo de reducirla a los antecedentes o prolegomenos iniciaticos de otras ciencias.

1. Burke, Peter, Historia y Teoría Social, Colección Itinerarios, Pág., 16, 1997.

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