domingo, 13 de abril de 2008

Anthony Pagden: "La caída del hombre. El Indio americano y los orígenes de la etnología comparativa

El texto de Anthony Pagden “ La caída del hombre. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa” presenta un panorama interesante en torno a la discusión del indio o indígena en el nuevo mundo.

La visión que plantea el autor es de tipo evolutiva. En principio se construyó una justificación filosófica al concepto del indio. Los españoles al llegar a estas tierras consideraron como “bárbaros a los indígenas que encontraron”.

Esta expresión tomada de los griegos y de los romanos, quienes denominaron a las personas que no hablaban latín o griego, como bárbaros fue utilizada por los españoles en estas tierras. Esta expresión fue construida filosóficamente por parte de los académicos españoles a través de la tesis del esclavo natural de Aristóteles. Este griego consideró que existían dos tipos de esclavos: los civiles y los naturales.

Los civiles eran aquellos que siendo seres humanos habían caído en esa condición por deudas o aspectos propios del derecho; mientras que los naturales eran aquellos que no eran personas, básicamente los extranjeros.

Aristóteles señaló: “ (…) y es justo que un hombre sea esclavo y otro libre, y es conveniente que un hombre mande y otro obedezca, porque la cualidad del mando también es inherente al señor natural”.

Este razonamiento fue utilizado en principio para justificar el trato inhumano que se le aplicaba a los indios. Para estos conquistadores, el indio era incapaz de cumplir la función que le correspondía. Su psique los hacia indios, al tiempo que bárbaros y esclavos naturales.

Palacios Rubios indicó: “ (…) los indios son tan ineptos e incapaces que no saben en absoluto gobernarse… por lo cual, en sentido lato, pueden ser llamados esclavos, como nacidos para servir y no mandar”1 .

La escuela de Salamanca con Francisco Vitoria a la cabeza planteó que en el mundo existe una ley natural frente a la cual los seres humanos deben sujetarse sin posibilidad de discusión, independientemente de las leyes positivas que rigieran en un territorio establecido.

Vitoria refutó estos argumentos en su obra “De Indis” al considerar que los indios si son seres que pertenecen a la naturaleza humana. Lo que ocurre es que se encuentran en una minoría de edad 2 .

Esta minoría de edad se justificaba porque los indígenas practicaban el canibalismo, los sacrificios humanos, a más de carecer del concepto agustino del progresismo 3 . Contrario a esto, Vitoria entendía que los incas y los aztecas tenían unos sistemas de vida social adecuados. Practicaban el comercio y respetaban unas normas que les permitían convivir adecuadamente. Además tenían habilidades para las artes mecánicas.Para refutar los embates de los defensores aristotélicos, Vitoria señaló que los indios estaban sujetos a la ley natural. Señaló que: “ (…) el hecho de que nos parezcan tan idiotas y romos proviene en su mayor parte de su mala y bárbara educación 4”

Estos argumentos se convirtieron en la base con la cual Vitoria y sus epígonos como Melchor Cano, Bartolomé de las Casas, Bartolomé Carranza o Juan Páez de Castro justificaban la no esclavitud de los amerindios y, con ello se invalidaba la tesis del esclavo natural de Aristóteles.

En la parte final del texto se encuentra el enfrentamiento que mantuvieron Juan Ginés de Sepúlveda con Bartolomé de las Casas. Sepúlveda mantuvo la tesis de que el avance de Europa al nuevo mundo y su superioridad sobre el amerindio permitió la esclavitud porque los indios no eran personas. Planteó que los derechos no son objetivos, sino subjetivos, lo que chocaba de bulto con la tesis de Vittoria del derecho universal. Por último se reafirmó en que la esclavitud es un justo castigo contra el pecado.

La respuesta de Bartolomé de las Casas al opúsculo “Democrates Secundum” de Sepúlveda no se hizo esperar. De las Casas le respondió a Sepúlveda utilizando los argumentos de Vitoria en dos textos: Argumentum apologeiae y Apologetica Historiae.

En este último texto intentó demostrar sobre la base de un inmenso cuerpo de datos empíricos e históricos, que las comunidades indias anteriores a la conquista cumplían los requisitos de Aristóteles para una verdadera sociedad civil y, en segundo lugar, de explicar por qué la cultura amerindia a veces difería radicalmente de las normas europeas, sin recurrir a la psicología bipartita de Aristóteles 5 .

Para las Casas hay cuatro tipos de bárbaros. El primero incluye a todos los hombres quienes actúan con la pasión y no con la razón. El segundo, es aquel que no tiene un lenguaje que se materializa en libros o documentos. No hay evolución. A estos pertenecerían los amerindios.

El tercero es el bárbaro simpliciter. Estos son lo crueles, feroces, estólidos, estúpidos, ajenos de la razón. El último tipo de bárbaro es el no cristiano.

Como se ve para Las Casas la sapiencia es muy importante y justifica el paso de la barbarie a la civilización.

Respecto a José de Acosta y Joseph Francois Lafitau debe señalarse que plantearon un análisis etnológico comparativo no a partir de los preconceptos que se tienen por el hecho de ser europeo, sino a partir de la propia cultura que se analiza.

En ese orden de ideas se debe poner énfasis en el lugar de producción buscando la descentración del historiador de su cultura, de sus instintos. Con ello se podrá interrogar la fuente para así tener una visión aproximada de la cultura que se analiza. En síntesis se abandonaría el aquí por el allá 6.


1. Este argumento fue tomado de Pagden Anthony, La caída del hombre natural, del abogado civil Juan Lopez de Palacios Rubios, Pág. 85.
2. Término utilizado por Emmanuel Kant en ¿ Qué es ilustración?. Editorial Panamericana
3. San Agustín en “La Ciudad de Dios”. En es te texto se plantea un análisis lineal de la historia en la cual el hombre se inicia en la ciudad de los hombres, para “progresar “y llegar a la ciudad de Dios”.
4. Tomado de Pagden Anthony, La caída del hombre. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa, 1998, Alianza Editorial.
5. Ídem, Pág. 172.
6. Borja, Jaime, Los indios medievales de Fray Pedro de Aguado, Págs. 31- 32, Instituto Pensar, 2002.

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