martes, 27 de mayo de 2008

Columna: Las manos limpias de Hector Abad Faciolince

Les dejo esta columna de Hector Abad en el Diario "El Espectador del 24 de Mayo". Sencillamente magistral.

¿HAY QUE ENSUCIARSE LAS MANOS? Tal vez para sembrar un árbol o para arreglar un motor.

Seguramente para operar a un enfermo. Ni la tierra ni el trabajo ensucian, en realidad. Pero hay una manera en que las manos no se pueden ensuciar: no estrecharé jamás la mano de quienes tienen sus manos untadas de sangre.

Esas manos, las que han derramado sangre por violencia, esas sí están sucias y nos ensucian: las manos que han matado y secuestrado, las manos que han picado con motosierra, las manos que han desplazado a campesinos y volado gasoductos, las manos que han tirado cilindros bomba a templos y escuelas, las manos de los guerrilleros que han cortado otras manos, las manos de los paramilitares que han cortado a machete cabezas de niños, las manos de los masacradores de pueblos enteros, las manos que han disparado contra seres inocentes e indefensos. Esas manos no las toco, a esas manos les saco el cuerpo como a manos de apestados que contagian la muerte.

Hay un momento en que esas manos podrían ser estrechadas: cuando se hayan entregado a la justicia, cuando hayan reparado a las víctimas, cuando hayan llegado a un acuerdo de paz y convivencia, cuando se hayan comprometido a no matar nunca más. En ese momento serán manos lavadas, manos que se pueden estrechar. Antes no.

Por eso me parece bueno, y sano, que los jueces persigan a los supuestos civiles que se han dedicado a estrechar (sin autorización legal, sin ser intermediarios o voceros de un encargo oficial) las manos de los paramilitares y de los guerrilleros. Por eso es sano que la justicia persiga a los políticos que dicen tener las manos limpias, pero que se las han ensuciado haciendo pactos (sellados con firmas y apretones de mano) con las Auc o con las Farc, y también a los militares que se han aliado con quienes masacran.

No podemos admitir la complicidad con unos, ni tampoco con los otros. Que la Fiscalía y la Corte investiguen y juzguen, como vienen haciendo, basados en pruebas sólidas, en testigos confiables y en evidencias creíbles. Y que condenen a quienes se han ensuciado las manos, mezclándolas con las manos de los asesinos. Ni con los unos ni con los otros. El país necesita una política de manos limpias.

El dolor que los grupos violentos les han provocado a miles de colombianos es inmenso: mafiosos, paramilitares, guerrilleros… Y peor el daño de quienes se han aliado con ellos sin siquiera tener la dignidad del riesgo de meterse al monte. Son quizá peores los que llegan a acuerdos con guerrilleros y con paracos, es decir, con asesinos, pero escondiendo las manos y haciendo creer que las tienen limpias. No valen los proyectos supuestamente civiles de “fundar una nueva patria” ni de “impulsar el movimiento continental bolivariano”: esos proyectos, si se hacen en unión de manos untadas de sangre, son proyectos que empiezan podridos desde su nacimiento.

El peor sectarismo político, el fanatismo de unos y otros, ha llevado al país a creer que hay asesinos buenos y asesinos malos. Pues no. Las marchas organizadas contra los secuestros de la guerrilla y contra las masacres de los paramilitares han demostrado que en Colombia crece la conciencia contra los métodos violentos de hacer política y de imponer un dominio salvaje sobre los demás.

Por lo mismo debemos rodear y fortalecer la justicia, y que caigan los que tengan que caer: los combatientes que se hundieron en el salvajismo, pero también sus cómplices en la sociedad civil o en las Fuerzas Armadas. No se pacta con asesinos, no se sellan alianzas con mafiosos, paracos y guerrilleros. Que la justicia castigue a todos aquellos que se han ensuciado las manos al darles la mano a quienes las tienen untadas de sangre.

1 comentario:

beatriza elena dijo...

me facina ese escrito