viernes, 17 de octubre de 2008

Columna de Iván Duque Márquez: Islandia y la resurrección del 'diablo'

La primera víctima fatal desde el punto de vista de los entes soberanos que deja la crisis financiera internacional es Islandia. Sin duda se trata de algo escandaloso, pues tan solo a finales del año 2007, esta isla situada al norte de Océano Atlántico era catalogada por las Naciones Unidas como el número uno del mundo en el índice de desarrollo humano. ¿Qué pasó en Islandia? Una catástrofe financiera. En pocas semanas el país vio colapsar el sistema financiero, depreciar su moneda a un paso acelerado y caer la bolsa de valores en más de un 70 por ciento, encontrándose con realidades tenebrosas. Los pasivos del sistema financiero representan aproximadamente doce veces el PIB, la deuda externa bruta de corto plazo es quince veces el valor de las reservas del Banco Central y la deuda externa bruta de largo plazo, equivale al 350 por ciento del PIB. Ante esta evidencia, el Gobierno se encontró con que los pasivos del sistema financiero estaban prácticamente en manos de extranjeros, el Estado no contaba con los recursos suficientes para garantizar los activos y muchos menos proveer la liquidez necesaria que permitiera a los bancos cubrir sus obligaciones de corto plazo. En pocas palabras, las deudas del sistema financiero islandés son tan grandes que el Estado no podría asumirlas sin textualmente llevar el país a la 'quiebra'. Pero a qué se le puede atribuir que un país desarrollado, miembro de la Oecd, con tan buenos indicadores sociales haya llegado a semejante colapso. Según analistas, las autoridades no fueron efectivas en el control de la inflación y aunque el Banco Central utilizó la 'meta de inflación' como eje central de la política monetaria, las tasas de interés se situaron por el orden del 15 por ciento, debido a que las metas fueron incumplidas constantemente. Esto por supuesto, en una economía relativamente pequeña, creó incentivos para que los bancos, las empresas y los particulares se endeudaran en el exterior, y para que especuladores hicieran su agosto gracias a los atractivos márgenes de rentabilidad. A la larga, todo desembocó en un ingreso masivo de divisas que apreció la tasa de cambio y llevó a un déficit externo del 17 por ciento del PIB. El Banco Central islandés también ha sido criticado por falta de independencia, al haberle hecho el juego al Gobierno Central y su deseo de mantener la 'bonanza', sin tomar medidas drásticas. Igualmente, por no haber alertado en su momento sobre la forma en la que los activos del sistema financiero estaban creciendo. Para rematar, la falta de regulación financiera de las autoridades también constituye otro ingrediente más del colapso. La crisis se vino a cuestas y hoy Islandia está buscando un acuerdo de estabilización macroeconómica con el FMI con el fin de acceder a recursos y tomar medidas que permitan encontrar soluciones. Se trata de algo interesante, porque sería la primera vez en mucho tiempo que una economía desarrollada se le mide a un programa riguroso de supervisión con un organismo al cual sus críticos tildan de 'diablo' por la drásticidad de sus recomendaciones. A pesar de las críticas del pasado, el FMI se ha encontrado con un reto que le permitirá resucitar como un organismo relevante en medio de la peor crisis económica de la globalización. Su intervención en Islandia determinará si el organismo está dispuesto a flexibilizar sus condicionalidades, innovar en sus facilidades de liquidez y asumir un papel de liderazgo para tomar acciones preventivas en economías emergentes y desarrolladas. Los países estarán atentos, pues como pintan las cosas, las crisis también pueden golpear aún a 'las mejores familias'. ivanduquemarquez@gmail.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

"El Banco Central islandés también ha sido criticado por falta de independencia, al haberle hecho el juego al Gobierno Central y su deseo de mantener la 'bonanza', sin tomar medidas drásticas. "

Hola, te agradecería que me explicaras un poco lo que quieres decir. Gracias