martes, 11 de noviembre de 2008

Columna de Iván Duque Márquez: El sueño de Luther King

El 9 de mayo de 1831, Alexis de Tocqueville, llegó a Newport Rhode Island para dar inicio a una aventura que culminó con la publicación de la Democracia en América. El mejor libro que se ha escrito sobre los valores políticos y sociales de Estados Unidos.

Durante los 271 días que este joven francés permaneció en territorio norteamericano dialogando con hombres de estado, periodistas, empresarios y ciudadanos corrientes, se fue labrando una obra literaria cuya profundidad inspiró los anhelos democráticos de muchas naciones.

En las más de 800 páginas de la Democracia en América, se describen las características de una República en la que la división tripartita del poder ha sido puesta en marcha. Se exponen los fundamentos culturales e institucionales que fueron considerados para elegir un presidente representativo de la unión, y cuyo poder estuviera siempre limitado por pesos y contrapesos para evitar tentaciones autoritarias.

Pero no todas las reflexiones de Tocqueville fueron elogiosas. Una de sus preocupaciones fue la esclavitud. Para él, esta institución representaba una falla estructural en la concepción de la igualdad. Con visión anticipó las divisiones que esta abominable institución generaría entre los estados del norte y el sur, y que 30 años después, conducirían a la Guerra Civil.

Sin embargo, fue la misma fortaleza democrática descrita por Tocqueville, la que permitió que Abraham Lincoln pusiera fin a la Guerra Civil y aboliera la esclavitud en 1865, sembrando la semilla de la libertad y la igualdad. Pese a la decisión política de Lincoln, lograr que estas semillas germinaran no fue una tarea fácil, pues a pesar de la abolición, muchos estados mantuvieron vivo el racismo por más de 100 años bajo el repugnante esquema de la segregación racial.

Una vez más fue el heroísmo social norteamericano el que permitió dar un nuevo paso. Figuras como Rosa Parks, que en 1955 se rehusó a entregar su asiento en un bus a un pasajero blanco, sirvieron de inspiración a un movimiento en favor de los derechos civiles en el cual blancos y afroamericanos lucharon de la mano por abolir la segregación.

Quizás, la voz más elocuente de este movimiento fue Martin Luther King, y el momento más impactante de su lucha fue la gran marcha al Monumento a Lincoln, el 28 de agosto de 1963. Ante cerca de 300 mil personas, las calles de Washington se paralizaron para escuchar, con atención, el famoso discurso en el que Luther King soñaba con una sociedad libre de racismo e integrada por objetivos comunes.

El sueño expresado aquella tarde hizo eco en la sociedad norteamericana. Los hermanos Kennedy, y luego el presidente Lyndon Johnson, pusieron su capital político en dirección de esta causa y de allí en adelante inició una transformación que ha fortalecido la democracia más antigua del mundo moderno.

La elección de Barack Obama como primer presidente afroamericano de los E.U. es la realización del sueño de Luther King. Lo es, porque Obama llega a la Casa Blanca sin apelar al discurso racial, sin revivir los errores del pasado, sin condenar la historia e invitando a la unidad de una nación en momentos de crisis.

Con las elecciones del pasado 4 de noviembre, la democracia de los E.U. se ha fortalecido al ser el primer país del G-7 que elige un gobernante perteneciente a una minoría étnica. Este paso histórico no es gratuito, y obedece a lo que en 1831 Alexis de Tocqueville describió como una nación que supera los errores aprendiendo de la historia. Para él cuando "el pasado no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad". El sueño de Luther King y los hermanos Kennedy, iluminará la democracia en la era de Obama.

ivanduquemarquez@gmail.com
Iván Duque Márquez Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID

1 comentario:

fbarbosa dijo...

Muy interesante esta columna de Iván. Creo que volver a Tocqueville es importante para lograr el entendimiento de la elección presidencial.

Un abrazo,

Pacho