viernes, 5 de diciembre de 2008

Libro "Entre la legitimidad y la violencia. Colombia 1875-1994", de Marco Palacios.

Acabo de terminar el lúcido libro "Entre la legitimidad y la violencia. Colombia 1875-1994",- Editorial Norma- Vitral del Abogado-Historiador Marco Palacios. El libro hace un recorrido histórico sobre diferentes hechos de la Colombia de finales del Siglo XIX y del siglo XX. En ese trasegar, el autor plantea varios problemas a resolver desde el punto de vista económico, social, jurídico y cultural. Más allá de repetir las etapas que desarrolla el libro, prefiero plantear el interesante razonamiento del autor a propósito del actual cuadro de legitimidad y violencia que existe en Colombia. El autor plantea que existen tres países en Colombia: el país urbano, y dos poderes fácticos. El primero es aquel en el cual "la autoridad es respetada, allí en más clara la legitimidad política, son más claras las reglas de la democracia representativa, cada vez son más transparentes los negocios del Estado" etc. En este se clasifican las grandes ciudades colombianas. Por el lado de los poderes fácticos se destaca el paramilitarismo o los grupos de desmovilizados, muchos de ellos reconvertidos en delincuentes comunes que regresaron al control de las zonas del norte del país. Y, el segundo poder fáctico es la guerrilla que se encuentra en el sur del país y algunos lugares del occidente, a pesar de su aminoración merced a los golpes militares del Gobierno del Presidente Uribe.

Los dos poderes fácticos se fundan en los intereses de los cultivos ilícitos, de la delincuencia, de las altas tasas de violencia, del contrabando, del secuestro, de la libre e ilimitada negociación y de la burla de la ley. En esos territorios la policía, el poder judicial y el sistema electoral son fachadas.

El vínculo del poder central y los fácticos, según Palacios se realiza de forma armónica, es decir en el centro se encuentran los intermediarios " que posibilitan las redes locales, así como los mercados y el Estado brinda cobertura legal y referencia cultural". Añadiría por mi parte, que el funcionamiento de ese mundo de la facticidad se estructura sobre la base económica central a través de las regalías y participaciones para esas "redes locales" que incluyen participantes diversos - guerrilleros, paras, senadores, representantes a la Cámara, Gobernadores u alcaldes, entre otros, quienes realizan los vínculos que plantea Palacios con el poder central.

La conclusión final de Palacios es que "Colombia no parece afrontar un problema de balcanización, es evidente que el balance podría depender más y más del "tercer país" ubicado entre las islas de legitimidad y los territorios de poderes fácticos". Uno pensaría que luego de la fuerte intromisión de los delincuentes en algunas esferas del Estado- más de 50 congresistas detenidos- y de la cooptación que hacen personajes como el mencionado caso de David Murcia,-el egipcio del Siglo XXI como dijo mi amigo Iván Duque,- a representantes de ese poder de la legitimidad, en este caso personificado por Daniel Angel Rueda; la Colombia de la legitimidad estaría aceptando los coqueteos de la Colombia fáctica.

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