domingo, 4 de enero de 2009

Columna de Iván Duque Márquez: Relaciones Umbilicales

Cuando la crisis financiera y la recesión en Estados Unidos empezaron a tomar fuerza fueron varias las voces que se refirieron a China como el otro motor de la economía mundial, capaz de mitigar, especialmente para las economías emergentes, los efectos de una desaceleración estrepitosa de la economía norteamericana. Pero los hechos muestran otra cosa. Si bien China se ha convertido en otro motor del crecimiento económico global, su dependencia umbilical con E.U., hace incontrovertible que nadie está a salvo y que una larga recesión estadounidense puede ser el detonante de una grave crisis económica en las tierras de Mao.

En E.U. la tempestad ya tiene características graves. El consumo está cayendo aceleradamente, el sector hipotecario no muestra síntomas de recuperación, el desempleo aumenta, las ventas de vehículos caen por el piso y el crédito no fluye a los ritmos esperados por las autoridades, a pesar de las múltiples medidas fiscales y monetarias adoptadas por el Estado. Vista la situación, las cosas para China no son fáciles, pues no solo su modelo de crecimiento económico se ha basado en un auge exportador, en el que E.U. es su principal socio comercial, sino que la gran mayoría de la inversión extranjera directa es realizada por empresas norteamericanas.

La relación de dependencia entre las dos economías no merece cuestionamiento alguno. En primer lugar, el apetito voraz del consumidor norteamericano por productos electrónicos y manufacturas ha hecho que China se convierta en la fábrica del mundo. En esta ecuación el auge exportador chino ha beneficiado a su vez a otros países, debido a su creciente demanda por materias primas y a la reducción progresiva de la pobreza que ha abierto un nuevo mercado de consumidores para otras economías emergentes.

¿Qué tan grave será para China una recesión en E.U.? Para una economía donde las exportaciones representan cerca del 40 por ciento del PIB, los riesgos son enormes, más aún si se tiene en cuenta que las principales economías de Europa, al igual que Japón se han declarado en recesión o ad portas de ella. Se especula que durante el último semestre no hubo crecimiento en las exportaciones chinas hacia E.U. y que las órdenes de compra caerán a niveles negativos durante el próximo trimestre.

Por estas razones, es de esperarse que el crecimiento del PIB chino caiga en el 2009 del 10 por ciento a niveles cercanos al 7 por ciento. Aunque pareciera un panorama optimista comparado con otros países, una caída de ese tamaño podría ocasionar problemas. Como lo ha indicado el FMI, el gigante asiático requiere ritmos de crecimiento anuales superiores al 9 por ciento para absorber los más de 20 millones de trabajadores que anualmente se incorporan al mercado laboral.

Para evitar esta situación el Gobierno de Pekín anunció un paquete de apoyo fiscal cercano a los US$600 mil millones. Aunque se espera que esta inyección de gasto público permita alcanzar niveles de crecimiento cercanos al 8 por ciento, hay quienes dudan de su impacto estructural, pues el paquete anunciado no incluye medidas para estimular el consumo privado.

La realidad nos demuestra que ni siquiera China está libre del contagio, y que los motores de la economía mundial requieren reparación. América Latina deberá prepararse para este panorama en lugar de esperar equivocadamente a que el dragón le dé calor con una llama que se apaga.

ivanduquemarquez@gmail.com

Iván Duque Márquez

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