miércoles, 4 de marzo de 2009

Columna de Iván Duque Márquez: Salvavidas de plomo

No hay duda de que la administración del presidente Barack Obama será juzgada por los resultados que logre en su agenda de recuperación económica. Consciente de esa realidad, Obama jugó su capital político sacando adelante el programa de estímulo y salvamento por 789.000 millones de dólares, que fue aprobado por el Congreso norteamericano el pasado 11 de febrero.

Aunque la aprobación del programa fue presentada a la opinión pública con bombos y platillos, los mercados parecen estar sumergidos en una gran desconfianza frente a los efectos de mediano y largo plazo, que este ambicioso plan de gasto público y exenciones tributarios tendrá en la economía estadounidense.

¿A qué se debe la desconfianza? En primer lugar, al déficit fiscal. Sin el programa de estímulos, el déficit para el presente año ya estaba proyectado en 1.2 trillones de dólares, cerca del 8 por ciento del PIB. Si a esto se le suma el plan aprobado por el Congreso, Estados Unidos tendrá en el 2009 el déficit fiscal más alto en la historia reciente y el plan de gasto público más ambicioso desde la Segunda Guerra Mundial.

Por lo tanto, los efectos de esta medida son evidentes. El incremento del gasto en las proporciones promovidas por la Casa Blanca requerirá grandes volúmenes de endeudamiento y hará que las negociaciones de futuros presupuestos partan de bases de gasto muy elevadas.

Para colmo de males, con un déficit que puede llegar a superar el 13 por ciento del PIB, los mercados anticipan que en el mediano plazo habrá aumento de impuestos y recortes drásticos de gasto, para hacer sostenibles las finanzas públicas. A esto se le suma la reforma que en pocos años deberá realizarse para garantizar la sostenibilidad del sistema pensional, la cual demandará grandes esfuerzos fiscales y aumentos en las contribuciones individuales y la edad de retiro.

El otro factor de desconfianza tiene que ver con la efectividad del programa de rescate a los bancos. La posición del Departamento del Tesoro asume que el problema del sector financiero norteamericano es de liquidez, mientras la realidad muestra que se trata de una crisis de solvencia.

Al parecer la idea del secretario del Tesoro Timothy Geithner, de ofrecer garantías y comprar activos 'tóxicos' a los bancos, es poco efectiva. Lo es, porque para devolverle la solvencia a los bancos, el Estado deberá adquirir activos 'podridos' a precios que sean rentables para los tenedores y otorgar garantías y subsidios, con recursos de los contribuyentes, a instituciones financieras de mal desempeño o a compradores independientes de activos 'tóxicos', lo cual generará malos precedentes hacia el futuro.

Sin duda, para enfrentar la crisis del sector bancario no hay mejor solución, dadas la condiciones, que una capitalización integral de los bancos insolventes. Pero ni Obama ni sus asesores económicos quieren entrar en este territorio, pues si el Gobierno lo hace, técnicamente habría una nacionalización y esto, a juicio de ellos, podría crear distorsiones en los mercados financieros. Lo preocupante es que si el programa de estímulo resulta inefectivo para rescatar al sector bancario, como todo indica, tarde que temprano se llegará a esta situación, y tal vez se requiera la autorización de más recursos por parte del Congreso.

Pueda ser que Obama y su equipo logren generar la confianza deseada en el programa de estímulo y reactivación. Por ahora los mercados y los ciudadanos lo ven como un salvavidas de plomo.

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