sábado, 31 de octubre de 2009

Columna de Iván Duque Marquéz: Ilusiones renovables

Mientras se aproxima la cumbre de Copenhagen, en la cual se espera definir un acuerdo marco que reemplace el Protocolo de Kyoto, se especula mucho sobre los compromisos y metas que serán aceptados por sus potenciales signatarios, especialmente los países en desarrollo. Una de las áreas a las cuales se le dará prioridad en las negociaciones tiene que ver con la expansión de las fuentes renovables de energía y las obligaciones que los países asuman para invertir en este sector.

Si bien hacer una transición hacia fuentes renovables es un camino deseado, es muy importante para las economías emergentes que el proceso sea progresivo y no forzado por una 'euforia verde' basada en proyecciones netamente científicas.

Esta precisión es conveniente hacerla, pues en la última edición de la prestigiosa revista Scientific American los Profesores Mark Z. Jacobsen, de la Universidad de Stanford y Mark A. Dellluchi, de la Universidad de California, han presentado un valioso estudio de cara a Copenhagen, en el cual plantean que para el 2030 el 100 por ciento de la energía del planeta puede provenir de fuentes renovables, si se cuenta con la suficiente voluntad política.

En los cálculos de estos investigadores, si el mundo hiciera esta transición, los casi 12 teravatios (TW) que consumirá la humanidad en dos décadas podrían provenir en un 51 por ciento de fuentes eólicas, mientras que un 40 por ciento lo haría de fuentes solares. La forma de lograrlo demandaría entre otros, que en todo el planeta se instalarán cerca de cuatro millones de turbinas de viento de 5 megavatios, de las cuales actualmente solo están instaladas el 1 por ciento.

De la misma manera se requerirían 90.000 plantas solares de 3000 megavatios y casi dos millones de sistemas fotovoltaicos de techo en viviendas y establecimientos comerciales.

Lo peculiar de la propuesta radica en que ha sido validada con otros argumentos económicos planteados hace pocos meses en The Electricity Journal por expertos como Benjamin K. Sovacool y Charmaine Watts, quienes han dedicado años al estudio de fuentes limpias de energía.

Conforme a los cálculos realizados por ellos y basados en datos de Naciones Unidas, las fuentes solares o eólicas pueden generar entre tres y diez veces más empleos por megavatio de capacidad instalada que las fuentes fósiles o nucleares.

Según estos dos reportes, lograr que el mundo dé semejante giro requiere que los gobiernos promuevan mayor eficiencia energética, eliminen los subsidios en incentivos a fuentes fósiles, obliguen a las compañías comercializadoras de energía a comparar electricidad renovable bajo el esquema de feed-in tariffs, expandan las redes de transmisión hacia fuentes limpias y brinden subsidios a la inversión en proyectos eólicos, solares e hidroeléctricos.

Todo esto suena muy bonito y tal vez sea posible en cálculos científicos, pero esperar que las economías emergentes transformen abruptamente sus matrices energéticas en momentos de gran debilidad fiscal y frente a una recuperación económica mundial lenta, es ingenuo y peligroso.

Por tal motivo, es necesario que las economías desarrolladas promuevan en la mesa de negociación metas realistas. Intentar imponer compromisos fiscales y socialmente inviables a países en desarrollo puede hacer que el Acuerdo de Copenhagen no se materialice.

América Latina debe llegar a esta reunión con una agenda común o de lo contrario estará expuesto a ser víctima de ilusiones académicas.

ivanduquemarquez@gmail.com

IVÁN DUQUE MÁRQUEZ Consejero principal por Colombia y Perú ante el BID

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