viernes, 7 de enero de 2011

Varsovia, la grande III parte



Varsovia es una ciudad que impresiona. No tiene la belleza de Cracovia, pero testimonia de la recuperación, del orgullo y de la tenacidad. Su capital fue devastada en un 85% por los Nazis durante la segunda guerra mundial. En su corazón se construyó un guetto en el cual se aislaron los judíos de la población no judía. De todo eso da testimonio el excelente filme de Polanski “El pianista”. Llegué por tren desde Poznan, la ciudad en la que estuve más de dos semanas- ya haré un post sobre la ciudad y sobre el foro al que asistí- .
El tren se tomó dos horas y treinta minutos en llegar. Varsovia recibe al visitante con el impactante Palacio de la Cultura de 231 metros de altura que tiene una historia muy particular, puesto que Stalin en 1950 quería un monumento en homenaje al socialismo. Propuso tres ideas: (i) hacer un barrio de habitación (ii) una línea de metro y (iii) el Palacio. Al final tomó la decisión del Palacio y no se equivocó.
La ciudad se inicia en la ciudad histórica. Este emplazamiento fue reconstruido con los planes de la ciudad anteriores a la guerra, por cuanto la destrucción alemana fue total. Se sube por la calle Krakowskie Przedmiescie- una de las calles de la vía real-, pasando por el monumento a Copérnico- desmontando por los nazis en la guerra y enviado en un camión a Berlín, al finalizar la guerra fue devuelto-, el monumento de Adam Mickiewick, la iglesia de las Carmelitas, el Palacio Presidencial donde se firmó en 1955 el “Pacto de Varsovia” que le dio origen oficialmente a la guerra fría. Antes de llegar al Castillo Real “Zamek Krolewski”, se encuentra el Potokich y la Universidad de Varsovia, el Museo de Chopin y el Palac Zamonski en donde en el año de 1863 fue asesinado el gobernador ruso de Varsovia. Por ese hecho, los cosacos desde el palacio defenestraron el piano de Chopin.
El Palacio real fue reconstruido por los polacos, luego de la obsesión de Hitler por desaparecer el pueblo polaco. El Castillo fue volado en mil pedazos. Durante 40 años, los polacos depositaron aportes permanentes en dinero y en trabajo para reconstruir ese monumento. Una de las pruebas de esfuerzo y orgullo de Polonia.
Una vez se termina la visita, se continua hacia la vieja ciudad con su hermosa plaza del siglo XIII y XIV “Rynek Starego Miasta”, en ella se instalan los músicos a cantar. Un ambiente que me trajo a la memoria San Telmo, en Buenos Aires. En la plaza se encuentra el museo de Historia de Varsovia que testimonia sobre el itinerario de la ciudad. La más impactante, la vivida a partir de septiembre de 1939. Cinco minutos adicionales de marcha, se encuentran unas viejas murallas, luego la hermosa catedral de Sw Jana y más allá un mármol en el piso informando que en ese lugar empezaba el Guetto judío.
A partir de allí, se inicia un itinerario sobre los lugares del mundo judío. Detrás del Palacio de Cultura se encuentra la Plaza Grzybowski y un complejo de edificios de ladrillos- no destruidos del guetto- en los cuales se muestra las condiciones de vida de la gente, concentrada en ese espacio. En el sitio habían diversas exposiciones del arte yiddish, de su culinaria, de su cultura. Mi imagen se detuvo cuando en el fondo de un corredor encontré una forma de cuarto con humo blanco, haciendo alusión a una sinagoga y a una cámara de gas. Ingresé y no había ninguna referencia y la angustia crecía a cada instante. Salí de allí con lagrimas en los ojos, recordando la imagen de un muro en el cual había una mujer judía con dos rostros, uno con los ojos azules y otro con los ojos negros que decía:
Blue eyes, life is nice
Black eyes, pay the price”

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