miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz navidad desde Margen cultural con un texto de Santiago Gamboa

A los lectores permanentes o cotidianos de este blog les deseo una muy feliz navidad. De regalo les dejo esta nota de prensa del novelista colombiano Santiago Gamboa escrito hace algunos años para la Revista Cambio en Colombia cuando fungía de columnista semanal.

"La historia que voy a contarles tiene como protagonista a la tía de la escritora española Cristina Fernández Cubás. Era una mujer mayor que llamaremos Rosario, aunque ese no sea su verdadero nombre, y que en un momento de su vida decidió ir a vivir a un pueblo de Andalucía. Rosario deseaba retirarse del ajetreo de la gran ciudad y para ello alquiló una casa solariega al frente de un viejo convento de monjas de clausura. Desde el balcón de su dormitorio veía la imponente casona de ventanas perennemente cerradas, con su muro estucado, sus techos en teja de barro y, al fondo, una sección del inmenso jardín, donde a veces se veía, de lejos, la figura menuda de alguna hermana paseándose con un libro.

Muy pronto, Rosario supo que el convento vendía bizcochos y repostería hechos por las monjas, así que un domingo por la mañana cruzó la calle y entró al recinto, curiosa por probar los dulces. Tras accionar un timbre fue atendida por una voz que emergió del otro lado de un torno de madera empotrado en la pared, un aparato que permitía pasar los bizcochos de una parte a otra sin verse la cara. Compró un paquete de dulces caseros y le parecieron óptimos, razón por la cual volvió el domingo siguiente, y así todos los domingos durante un año, hasta establecer una cierta amistad con la "monja tornera", la encargada de las ventas, con la cual intercambiaba impresiones sobre el tiempo o las misas dominicales. Dos años después, Rosario era asidua, acudía al convento siempre a la misma hora, hacia las 11 de la mañana, y tras poner los billetes de un lado y retirar su paquete de dulces, se quedaba charlando con la monja en sesiones cada vez más largas.

Así supo que la religiosa tenía 60 años, que había hecho el voto de clausura a los 15, pero que desde niña vivía en el convento, pues era hija de una cocinera seglar. Toda la vida de la monja había transcurrido dentro de los muros de esa casa, y a pesar de que recordaba cómo era el pueblo, ya no sabía muy bien qué había en cada calle ni cómo eran las carreteras que llevaban a otros pueblos, que por supuesto no conocía. Una vez Rosario le dijo: "Desde el balcón de mi dormitorio se ve el convento, Hermana, y una parte del jardín. Es muy bello". Cinco años después, en un mes de diciembre, Rosario le llevó un regalo. Era un libro de imágenes de España, con fotos de ciudades y de pueblos, con vistas aéreas del País Vasco, de las playas y las islas. Al cabo de unos días la monja le dijo: "Vivimos en un país muy bonito". "Sí, es muy bonito", le respondió Rosario, y agregó: "Hermana, cualquier cosa que necesite o que pueda hacer por usted, ya sabe que vivo al frente".

La anciana la miró a los ojos, y le dijo:

-Quiero ver el convento desde su balcón.

Siguieron pasando los años, tal vez otros dos, y un día de Navidad, por la mañana, alguien sonó el timbre en la casa de Rosario. Al abrir vio a una viejita con la cara muy arrugada, a quien no conocía, pero cuando ésta saludó reconoció de inmediato la voz. Era la monja tornera.

-Qué sorpresa, Hermana, ¿pasó algo? -dijo Rosario.

-Usted dijo una vez que haría cualquier cosa por mí, ¿lo recuerda? -dijo la monja.

-Claro, Hermana. Dígame, ¿qué puedo hacer por usted?

La anciana la miró a los ojos, y le dijo:

-Quiero ver el convento desde su balcón.

Rosario la hizo seguir a su dormitorio y le abrió las puertas. La monja caminó hasta la barandilla y observó un rato, en silencio. Luego dijo:

-Es muy bello, ¿verdad?

-Sí, es muy bello -dijo Rosario.

Hecho esto la monja bajó al primer piso, fue a la puerta y le agradeció a Rosario. Después cruzó la calle y volvió a entrar al convento. Tres años después murió y fue enterrada al fondo de los jardines, en el pequeño camposanto. Podría decir, antes de concluir, que la literatura es un modo de ver la vida desde el balcón del frente. Pero mejor no lo digo".


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