jueves, 30 de abril de 2009

Columna de Iván Duque: Tristemente recordando a Malthus

A propósito de lo conversado en la reunión con los diferentes autores de los Blogs el pasado sábado, incluyó esta columna de mi amigo Iván Duque que toca varios temas de actualidad.

"Uno de los personajes más controvertidos en la historia del pensamiento económico ha sido Thomas Robert Malthus. Según los críticos, su obra publicada en 1798 bajo el título de Ensayo sobre el principio de la población, en la que indica que el crecimiento poblacional es superior a la capacidad de generación de alimentos, y por lo tanto, el hombre terminará luchando por su subsistencia, es ingenua y apocalíptica.

Los que han criticado a Malthus por su alarmismo, siempre han expresado que el ser humano mediante el uso de tecnologías ha logrado mantener la producción de alimentos a un ritmo mayor que el crecimiento poblacional. Una de las pruebas más claras de esta afirmación está en que desde 1798 hasta hoy, la población del planeta se ha sextuplicado. La evidencia ha demostrado entonces la inmensa capacidad tecnológica e industrial del hombre para atender la creciente demanda por recursos.

Pero aunque pareciera que los argumentos de este economista inglés ya no tienen cabida, hay factores que nos motivan a desempolvar sus teorías. Empecemos por reflexionar sobre los recursos naturales. Tal como lo ha planteado el famoso economista Jeffrey Sachs en su reciente libro Common Wealth, los avances tecnológicos no han logrado que los seres humanos seamos cada día más eficientes en el manejo de algunos recursos preciados. El caso más escandaloso podría ser E.U., que con casi el 5% de la población mundial demanda el 25% de la producción diaria de petróleo.

Esto por supuesto nos lleva a la gran pregunta que se formula Sachs. ¿Podría la humanidad alcanzar el estándar de vida que los países desarrollados tienen hoy? La respuesta es compleja. Si se estima que para el año 2050, la población mundial aumentará en un 40% y que el ingreso per cápita global se incrementará casi cinco veces, la humanidad no puede continuar con los hábitos de consumo energético vigentes. La razón principal, porque de estos hábitos se desprenden problemas como la escasez de hidrocarburos, el encarecimiento de los alimentos, el agotamiento de acuíferos subterráneos y el aumento del calentamiento global.

Entre los ejemplos más pintorescos de este círculo vicioso está el descrito por el periodista Thomas Friedman en su último libro Hot, flat and crowded, al señalar que cuando aumenta el precio del petróleo, aumentan los costos de la producción agrícola, y por ende el precio de los alimentos. Como si fuera poco son muchos los países que a través de medidas imprudentes contribuyen al problema. Según Fridman en el año 2007, India, China y los países del Golfo Pérsico se gastaron 50 mil millones de dólares subsidiando combustibles y energía, aumentando la demanda y distorsionando los precios.

Frente a la humanidad está una vez más desvirtuar las hipótesis alarmistas expresadas hace más de dos siglos. Esta vez se requiere tecnología y voluntad política para tomar acciones coordinadas entre el Estado, el sector privado y la sociedad en general. Adoptar tecnologías en materia de eficiencia energética, hacer un mejor uso del agua con fines agrícolas, producir automóviles con menor consumo de combustible, adelantar políticas voluntarias de control de natalidad que permitan estabilizar la población mundial, aumentar la responsabilidad colectiva con el medio ambiente y repensar los estilos de vida urbanos, son medidas urgentes.

Mientras algunos países le sigan dando la espalda a esta realidad anteponiendo sus intereses a las responsabilidades que la era del cambio climático demanda, seguiremos tristemente recordando a Malthus".

Iván Duque Márquez Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID

miércoles, 29 de abril de 2009

Crisis de la Universidad Pública en Francia

Uno de los grandes debates que se vive actualmente en Francia se relaciona con el tema de la educación pública universitaria. Fueron cerca de 10 semanas de huelga por parte de los estudiantes de pregrado y de master 1 para rechazar la ley sobre autonomía de la educación universitaria (2007) y su decreto reglamentario presentado en este año por la ministra de Educación superior, Valerie Pecresse.

El decreto reglamentario, objeto de protesta, según sus críticos pone en peligro la Universidad francesa como especificidad cultural del país. En el decreto se especifica la forma de evaluar los investigadores- profesores en la Universidad y de igual forma se obliga a los nuevos educadores a hacer un master II- cinco años de estudio universitarios-.

Sobre esta realidad pienso que debe buscarse una vía intermedia para mejorar la gestión de las Universidades públicas. En primer lugar, nadie duda de la evaluación de los profesores e investigadores- El punto de discusión tiene que ver con la calidad del calificador. En segundo lugar, la obligatoriedad de hacer un master 2 para los profesores de la escuela en Francia no admite discusión alguna, salvo que debe especificarse la realización de un "stage" para que estos nuevos educadores tengan una experiencia en la escuela, como se muestra su necesidad en el excelente filme "Entre les murs" comentado en este blog.

A lo discutido, debe añadirse dos puntos que no han sido tratados por las partes y que tocan el corazón del sistema. El primero, es que la reforma no trata el problema de desigualdad entre los miembros del CNRS y los miembros de la Universidad por cuanto en muchos casos trabajan en el mismo laboratorio, cumplen las mismas funciones y tienen otro tipo de salarios. El segundo, es el despilfarro de recursos humanos por parte del Estado francés a propósito de la cantidad de doctorandos que trabajan sus tesis y la imposibilidad de integración en el mercado universitario. Sobre este punto, debe hacerse hincapié en que la gran mayoría de quienes hacen las tesis son becarios del Estado.

En fin, creo que debe discutirse sobre lo que ocurre en la Universidad francesa, lo que no debe aceptarse es el bloqueo irreflexivo e irracional por parte de los estudiantes. Es en el diálogo en que se encuentran las partes. Según se conoce, el decreto se ha rehecho por la ministra y los mismos estudiantes y profesores. Haber continuado una huelga de forma excesiva ataca los mismos estudiantes, que deben entender que la parálisis de sus estudios, los lleva a la imposibilidad de inserción profesional a expensas de un sector privado que cree, como pasa en Latinoamérica, que sus mejores cuadros salen de las Universidades privadas.

domingo, 26 de abril de 2009

Columna de William Ospina en el Espectador: Una idea que debe volver

HACE DIEZ AÑOS COLOMBIA CONCIbió un proyecto lúcido y ambicioso para enfrentar los males de la guerra y la terminación del conflicto, previniendo el resurgimiento de la violencia. Fue formulado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, dirigido entonces por Franco Vincenti, un noble amigo de Colombia, y con la participación de importantes consultores nacionales e internacionales.

Partía de la base de que a nuestro país no le bastaba un mero plan de guerra y de represión, sino que requería un gran plan de reconstrucción nacional que incluyera puertos, carreteras, ferrocarriles, estructuras modernas, impulso a nuevos polos de desarrollo, incremento del empleo productivo, redefiniendo la idea de productividad no sólo en términos industriales, sino pensando en la recuperación de nuestra vocación agrícola en alianza con los nuevos conocimientos, para lograr que los campos colombianos tuvieran otras opciones frente al auge de los cultivos ilícitos, y para que por fin los campesinos no estuvieran condenados a padecer la guerra y la ilegalidad.

Quienes diseñaron aquel Plan sabían que la violencia sólo se combate con grandes proyectos de inclusión, que hay que dar a los ciudadanos argumentos tangibles para estar a favor del Estado y del orden social. Al lado de eficientes proyectos económicos y de infraestructura, iniciativas semejantes a La legión del afecto, que tanto ha hecho después por la recuperación de los jóvenes en zonas de violencia, se desplegarían por todo el país, y a partir de cierto momento se esperaba que miles de jóvenes de todo el mundo vinieran a desarrollar prácticas sociales en el marco de esta naturaleza equinoccial que sorprende y fascina al mundo. Gracias a claras dinámicas culturales y educativas se iba a emprender por fin la reconstrucción de los lazos de solidaridad reventados por la exclusión, por la violencia y por el narcotráfico.

Ese plan, que debe reposar en los archivos de las Naciones Unidas, y que estaba diseñado recordando el célebre Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la guerra, iba a ser presentado por Andrés Pastrana al presidente Clinton en su reunión de 1998, durante la primera visita oficial que haría a los Estados Unidos. Desafortunadamente, en dos noches aciagas para Colombia, un equipo de funcionarios del Gobierno cambió radicalmente el Plan de Reconstrucción del país, generoso y cargado de esperanza para millones de seres humanos, que consideraba distintos aportantes internacionales, por un proyecto de asistencia militar al que finalmente se llamó Plan Colombia, que hizo que la ayuda norteamericana llegara en material bélico y en helicópteros, un plan que, aunque ha permitido avances en seguridad, nada ha corregido de las causas profundas de la violencia que Colombia arrastra desde hace muchas décadas.

Todo lo que seguimos padeciendo en Colombia, incluida la honda crisis de convivencia y el desplome de la moralidad pública, lo mismo que el inquietante resurgimiento de la violencia urbana, con toques de queda ilegales en los barrios y campañas criminales de lo que se llama eufemísticamente “limpieza social”, sin hablar de la inminencia de una crisis económica de grandes dimensiones, pudo haber sido conjurado con una inversión generosa y visionaria en la gente y en las proyecciones de nuestra economía.

Nadie niega la necesidad de enfrentar la violencia armada y de persistir en la defensa de la sociedad contra guerrilleros y paramilitares, pero esta guerra que nunca ha podido negociarse tiene que quedar atrás y ello sólo se logrará a través de una alianza de civilización alrededor de proyectos y de valores, de reglas de juego claras y de una legalidad sin trampas. Para ello es necesario superar la ligereza y la insensibilidad de ese análisis que cambia siempre por armas y helicópteros, por asistencia militar y por jugosas recompensas los recursos que pudieron incorporar a la producción y a la dignidad a millones de colombianos.

Así había sido desde mucho antes. Los recursos que no se invirtieron en resolver a tiempo los problemas de los campesinos, hubo que destinarlos después a reprimir a esos mismos campesinos transformados en rebeldes. Los recursos que no se invirtieron hace cuarenta años en recibir, dignificar e incorporar a la vida nacional a los millones de desterrados que llegaban a las ciudades, hubo que destinarlos, multiplicados, a la guerra contra el narcotráfico, contra el sicariato, contra el terrorismo. La frustración en la cuna del Plan de Reconstrucción no sólo nos ha costado el presupuesto nacional durante una década, sino que promete costarnos la década siguiente, postergando la solución de fondo de una crisis que no es solamente económica ni política, sino un hondo quiebre de valores, de convivencia y de confianza de la comunidad.

Once años después, el gran Plan de Reconstrucción Nacional, que Naciones Unidas formuló para proponerle a Colombia de verdad un futuro, sigue siendo una necesidad palpitante de nuestro orden social, y debería emerger nuevamente de los archivos del PNUD. Debería ser parte del debate de los candidatos a la Presidencia y, estoy seguro, puede tener más eco en los oídos del presidente Barack Obama del que habría tenido en los de Bill Clinton, si hubiera llegado hasta ellos.

Sobre todo porque los tiempos han cambiado, y porque ahora, tras otra década de experiencia, es más fácil advertir que la sola guerra no resuelve los muchos problemas acumulados de una sociedad, y que no basta con acallar las armas, sino que es preciso, en todos los campos de la vida, una verdadera reconstrucción.

Dirección web fuente:
http://www.elespectador.com/columna137810-una-idea-debe-volver

miércoles, 1 de abril de 2009

Murió Raúl Alfonsín: Desaparece un símbolo de la democracia

La muerte del expresidente argentino Raúl Alfonsín me evoca los buenos sentimientos que tengo con Argentina. Por el año 2000, una amiga tucumana me invitó como profesor de derecho internacional de los derechos humanos a la Universidad de Tucumán en el norte argentino. En esa ciudad que fue un reducto importante contra la dictadura y que vivió momentos muy difíciles por que allí fue donde se puso en marcha la política de desaparición forzada, conocí a muchos actores de ese proceso que me contaron su experiencia. Casi siempre cuando llegaban al final de la narración sobre la dictadura y comenzaban a contar sobre el significado del gobierno de Alfonsín, se largaban a llorar o se les escurría un par de lágrimas. Jamás olvidaré cuando al calor de unos vinos y de unas empanadas tucumanas me contaban que el día de las primeras elecciones luego de la dictadura, mucha gente lloraba al frente de la urna de votación. O cuando bajando en un automóvil del mítico lugar de Tafí del Valle y pasando por el lago Angostura, un par de campesinos me hicieron detener el auto para degustar unas empanaditas, lo que condujo a una tarde hablando de todo, pero, sobre todo, de política y de democracia.

Luego en el año 2003, viajé por gran parte del país con mi esposa, recorriendo el norte, el centro y el sur del país. Sentí que ese país seguía siendo mio. Hablamos con la gente y cada vez que tocábamos cualquier tema, el tema de la democracia venía a la conversación.

Alfonsín fue un hombre de su tiempo. Tuvo virtudes como la instauración de una Corte Suprema independiente, la eliminación de la autoamnistía, el establecimiento de la CONADEP que dirigió Ernesto Sabato, la puesta en marcha de una modificación constitucional de manera estructural y la negociación de las leyes de punto final y obediencia debida- 1987- lo cual a luz de su tiempo era viable y necesario, pero a los ojos de hoy es impresentable. Cometió un error consistente en el abandonó de la presidencia antes de tiempo por una grave crisis económica que heredó de los militares.

Pero aún así, su nombre es el símbolo del futuro de los argentinos en democracia, de la libertad y del fin de un oprobio que manchó de buena sangre argentina ese país.

Duelo por la muerte de Alfonsín y brindis por un bello país.

Los dejo con un impresionante discurso de Alfonsín, cuando tuvo que acudir al campo de mayo de 1987 para desarticular el intento de golpe de Estado en el año de 1987. Lo conocí gracias a Gonzalo que lo fijó en iureamicorum.