domingo, 31 de enero de 2010

Columna de Hector Abad Faciolince: Vargas Llosa, el fuego intelectual

Mario Vargas Llosa, pese a algunos achaques recientes que le han impedido seguir siendo un trotador empedernido, es un setentón juvenil, de mente y de cuerpo. Si un signo claro de la vejez son la rigidez mental y el estancamiento de las ideas, Vargas Llosa no ha envejecido. Si el signo más claro de la frescura del pensamiento son, por el contrario, la curiosidad y la capacidad de poner en duda las propias creencias, con una mente abierta, entonces Vargas Llosa es un señor de 73 años que más parece un joven de 37.

No es un traidor a la causa, como lo ha visto la extrema izquierda, sino un hombre fiel —por encima de todo— a unas cuantas convicciones: la de la libertad del individuo, la del rechazo a la coerción por parte del Estado, la de la crítica feroz a las dictaduras, sean éstas de izquierda o de derecha. Políticamente nunca estuvo con Cortázar, para quien no eran lo mismo los crímenes de la izquierda que los de la derecha, ni con Neruda, que escribió odas a Stalin, ni con Borges, quien estuvo dispuesto a recibir honores de Pinochet. Su maestro en asuntos políticos ha sido más bien Karl Popper, con su defensa de la sociedad abierta, y en general los pensadores liberales de escuela inglesa, como Isaiah Berlin o John Stuart Mill.

Sabemos que su “primer amor” literario fue teatral y casi prematuro, pues escribió y llevó a las tablas una obra dramática en 1952, cuando tenía apenas 16 años. No podemos saber cómo serán sus amores postreros, que esperamos sean muchos. Si nos atenemos a lo ambicioso de la novela que escribe actualmente y cuyo título provisional es El sueño del celta (la cual ocurre en el Congo y también en el Putumayo, en la frontera entre Colombia y Perú), se puede conjeturar que seguirá buscando lo imposible, lo que ningún escritor ha conseguido nunca, pero aquello que él y unos pocos más han estado a punto de lograr varias veces: la novela total. De lo que sí podemos estar absolutamente seguros es de que seguirá escribiendo siempre, o al menos hasta el día en que su inteligencia conserve la agudeza, la creatividad y la curiosidad que lo han caracterizado durante más de medio siglo de incesante actividad intelectual.

Con una laboriosidad asombrosa (el editor Carlos Barral lo definía ya en 1967 como “une bête à ècrire”) y con una independencia ética que jamás ha sucumbido a los chantajes morales ni a las acusaciones infames de sus innumerables contradictores, Vargas Llosa es, para todos aquellos que hemos apostado la vida a la pasión por las letras, un ejemplo permanente de actividad y un desafío constante contra la pereza o el conformismo mental, tanto en el campo político como en el literario.

En los últimos meses, en vista del compromiso de entrevistarlo en el marco del Hay Festival de Cartagena, he estado sumergido en su obra narrativa y ensayística. He leído (o releído) buena parte de sus libros y al final de esta extraordinaria experiencia no dudo en calificar su obra, por rimbombante que suene el adjetivo, como monumental. Sus dimensiones, para empezar, son casi balzacianas, con unos 50 volúmenes a su haber. Pero la cantidad es lo de menos, pues más vasta es la obra de Corín Tellado. Lo asombroso consiste en que casi todos sus libros son técnicamente impecables y su obra abarca muchos registros, desde el humor y la levedad, pasando por la gracia galante (los que menos me entusiasman), hasta la más densa complejidad histórica o psicológica. Además, su prosa ensayística es clara y rigurosa; podemos estar o no de acuerdo con él, pero sus argumentos son nítidos, directos, nunca tramposos, pues no recurren jamás a la mentira o a la deshonestidad intelectual. Vargas Llosa ilumina con la inteligencia, conmueve con la sensibilidad, apabulla con la amplitud de su conocimiento y, en resumen, deja ver un escritor, un intelectual y un ser humano íntegro, completo.

Si la Academia Sueca –en la cual, sin él buscarlo, es permanente candidato— al fin no se decide a concederle nunca el Premio Nobel de Literatura (por una injusta acusación de conservadurismo político que incluso si fuera cierta no sería pecaminosa), la deshonra no será para el novelista peruano, sino para la misma Academia. Si esto sucediera, Vargas Llosa entraría al club más exclusivo de las letras del mundo, el de los grandes excluidos del Nobel, pese a merecerlo más que muchos otros premiados, al lado de escritores inmensos como Marcel Proust, James Joyce, Antonio Machado, Joseph Roth, Lev Tolstoi o Jorge Luis Borges.

Madurez precoz, madurez rejuvenecida

En una vida artística de gran simetría, Vargas Llosa empezó publicando, antes de cumplir siquiera los treinta años, novelas ya maduras, y sigue publicando ahora, después de los setenta, novelas que por su frescura y humor poseen un ímpetu y una gracia juveniles. Las de la madurez precoz son La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1965) y Los cachorros (1967). La más graciosa de la madurez rejuvenecida es su reciente Travesuras de la niña mala (2006), que recupera el refrescante humor, aunque con tema muy distinto, de Pantaleón y las visitadoras (1973). Y entre estos dos extremos de su obra está el núcleo duro, la semilla central, lo más sobresaliente de su actividad intelectual, tanto novelística como ensayística.


Por un lado, tres novelas asombrosas, tres universos ficticios perfectamente construidos: Conversación en la catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del chivo (2000). Estas tres novelas, al mismo tiempo íntimas, históricas y políticas, son, cada una a su manera, tres de las más grandes novelas de nuestra lengua. La primera, ambientada durante la dictadura de Odría, es uno de los más complejos y perfectos artefactos técnicos del arte de contar, con una asombrosa mezcla en el manejo de los narradores, de las voces y del tiempo que, pese a su dificultad (el libro exige un lector cómplice y muy atento), sortea magistralmente todos los escollos.

La segunda, situada en los sertones brasileños a finales del siglo XIX, consigue construir un mundo aparte, paralelo al nuestro, con cientos de personajes basados en la realidad pero también inventados, cada uno con una vida y una personalidad convincentes, en medio de una naturaleza agobiante y reconstruida a la perfección. Sus protagonistas están poseídos por una pasión mesiánica y política de gran complejidad, tanto en el plano social e histórico como en el psicológico. Sin tomar partido por los dos bandos enfrentados, Vargas Llosa nos hace penetrar en los motivos de cada uno. Quizá no haya un estudio más completo, en toda su complejidad, sobre los mecanismos del fanatismo y de la creencia religiosa llevada hasta el paroxismo. Me atrevería a decir que la locura del extremismo islámico, que no es el tema de La guerra del fin del mundo, se puede iluminar muy bien, indirectamente, con la lectura de esta novela. La última, La fiesta del chivo, es el cumplimiento de un viejo compromiso (tácito o explícito) de varios escritores del boom: el de hacer una saga colectiva sobre los dictadores latinoamericanos, Trujillo en el caso de Vargas Llosa. Con una aproximación familiar, desde adentro, perfectamente documentada, el escritor peruano nos lleva al corazón de lo que fue la historia dominicana durante más de treinta años de tiranía.

Al mismo tiempo que escribía estas tres novelas extraordinarias, con intervalos de muy pocos años, Vargas Llosa fue publicando excelentes monografías sobre otros escritores. La primera es un extenso estudio sobre García Márquez y su obra, que tuvo origen en su tesis doctoral en la Universidad de Londres. Historia de un deicidio, publicada en 1971 (y nunca más reeditada hasta fecha muy reciente, en sus Obras Completas, a causa de su triste trifulca con el escritor colombiano).

Todavía hoy este largo ensayo sigue siendo una de las mejores introducciones al autor de Cien años de soledad y una muestra indudable de inmensa generosidad por parte de un colega casi coetáneo, al principio de su carrera, con lo celosos y egoístas que suelen ser los escritores. Vinieron después libros sobre Flaubert y Madame Bovary (La orgía perpetua), sobre Sartre y Camus, sobre Arguedas, sobre la novela moderna (La verdad de las mentiras), sobre Los miserables de Victor Hugo, hasta el muy reciente estudio de la obra de Juan Carlos Onetti (El viaje a la ficción, 2008). Cuando Vargas Llosa lee a Flaubert, a Hugo o a Onetti, cuando desvela los mecanismos de relojería que hacen funcionar sus narraciones, uno siente que está también dilucidando su propia obra, su propia manera de narrar.

El fuego de la obra de Vargas Llosa, la fuerza de sus novelas, y su personalidad arrasadora, tienen que ver con varios factores. Ante todo una fe inquebrantable en la literatura, la cual le ha permitido una fidelidad a un oficio que muy pocos poseen con tanta convicción y constancia. Vargas Llosa tiene una confianza ciega en que esta actividad de la fantasía humana, la literatura, es útil e importante para el mundo. Y a esta fe general se une también la seguridad personal y sin fisuras que tiene de pensarse a sí mismo como un gran escritor. Pocos escritores con tanta vocación literaria como la suya. Alguien dijo que para ser genio hay que creérselo (y creo que Vargas Llosa se lo cree), pero además, y sobre todo, hay que acertar (y Vargas Llosa acierta al tener esta idea de sí mismo).

Los Casa de las Américas y Burgos Cantor

En Cienfuegos y La Habana fueron presentados esta semana los escritores y las obras ganadoras del Premio Casa de las Américas 2009, el certamen literario más antiguo y uno de los más prestigiosos del continente. Entre los homenajeados estuvo el colombiano Roberto Burgos Cantor, autor de la novela La ceiba de la memoria, exaltada allí en Cuba con el Premio de narrativa José María Arguedas y también finalista del Premio Rómulo Gallegos, en Venezuela. Burgos Cantor recordó que en “Don José María Arguedas” está el “tremendo conflicto del narrar y del lenguaje”.

En la edición 2010 el jurado galardonó al historiador y filósofo cubano Sergio Guerra Vilaboy con el Premio Extraordinario Casa de las Américas. En poesía ganó el argentino Bruno Di Benedetto con su libro Crónicas de muertes dudosas. La salvadoreña Jorgelina Cerritos recibió el de teatro con su obra Al otro lado del mar. La categoría de Literatura brasileña distinguió a la ya célebre Nélida Piñón, con la obra Aprendiz de Homero.

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miércoles, 27 de enero de 2010

Sarcozy à Davos sobre el capitalismo mundial

Interesante discurso de Sarcozy en Davos (Suiza) en el cual desarrolla una coherente explicación sobre la participación de los Estados en la reciente crisis financiera internacional. Esta acción mundial de Sarcozy demostrando que sin los Estados caemos en un mundo sin reglas, tiene toda la aplicación en el mundo de hoy. En ese punto, Francia manda la parada. Los dejo con el discurso de Sarcozy.


Columna de Iván Duque Márquez: Tragedias y rompecabezas

En época de bicentenarios, historiadores y expertos, se concentran en analizar las causas estructurales de la independencia, pero pocos recuerdan el ejemplo que Haití le dio a América Latina y el Caribe al convertirse en 1804 en el primer país de la región que acarició la independencia.

La valentía de Toussaint Louverture para enfrentar la opresión francesa y las victorias sobre las tropas de Rochambeau en 1803, le dieron vida a una tierra libre que Estados Unidos no quiso reconocer en su momento, por el temor a que este precedente alimentara el ímpetu revolucionario de los esclavos. Curiosamente, fue esta nación gobernada por Alexandre Pétion entre 1806 y 1818, la que apoyó a Simón Bolívar para regresar a Colombia y Venezuela, e iniciar la última etapa de la revolución. Como contraprestación a su respaldo, Bolívar asumió el compromiso de abolir la esclavitud.

Lo triste de esta historia es que esa isla, conocida en 1750 como la 'joya de las antillas', por su contribución a la economía francesa, es hoy en día el símbolo más crudo de la pobreza, la inequidad y desolación en el continente. Con cerca de nueve millones de habitantes, el PIB per cápita más bajo de la región, el analfabetismo más alto del hemisferio y 50 por ciento de la población viviendo con un dólar al día, Haití es prácticamente la descripción de un terremoto social.

Buscar una salida a esta encrucijada se asemeja a resolver un rompecabezas de miles de piezas diminutas. La economía haitiana se resume en un PIB cercano a los 7.000 millones de dólares, un déficit de cuenta corriente superior al 10 por ciento del PIB, unas finanzas públicas precarias con unas de las tasas de recaudo tributaria -con relación a los ingresos gubernamentales- más baja del mundo, un déficit comercial superior a los 1.000 millones de dólares, una excesiva dependencia en las remesas, y una estructura de comercio exterior donde el 69 por ciento de las exportaciones se dirigen a Estados Unidos.

Para colmo de males, dos terceras partes de la actividad económica se originan en Puerto Príncipe, hoy destruida por la inclemencia impredecible de la naturaleza.

¿A qué se debe esta trágica historia?

Tal vez a una combinación de mala educación, dictaduras, corrupción, pésima infraestructura social, instituciones débiles, destrucción de los recursos naturales, desempleo, indiferencia de la élite ilustrada, carencia de una política industrial y un Estado prisionero de una democracia inmadura.

El terremoto ocurrido la semana pasada, evaporó lo que quedaba de esta precaria arquitectura social, que lamentablemente sin la magnitud de la tragedia, hubiera dejado al mundo en la permanente indiferencia frente al destino de la isla. El reto para la comunidad internacional no se trata de reconstruir, sino de construir un país con instituciones sólidas, democracia estable, infraestructura social, aparato económico, equidad y generación de empleo.

Alcanzar esta meta requiere el liderazgo de instituciones multilaterales de desarrollo para coordinar los esfuerzos de donantes públicos y privados con las autoridades locales, guiados por una agenda ordenada de mediano y largo plazo. Dejar demasiados cocineros con recetas propias a su libre albedrío puede nuevamente exponer al país a una tragedia social. Esto sería lo peor que podría ocurrir en un país que inspiró con su libertad a toda una región.

Columna de Iván Duque Márquez: Israel y el capital de riesgo

Israel es un ejemplo para el mundo en el desarrollo de la industria de capital de riesgo. Con un poco más de habitantes que Bogotá, escasos sesenta años de fundación, poca disponibilidad de recursos naturales, constantes tensiones militares con sus países vecinos y considerado blanco de los más peligrosos grupos terroristas islámicos, Israel, se ha convertido en un centro privilegiado de inversión en producción e innovación tecnológica, donde los fondos de capital privado han sido un protagonista central.

En tan sólo dieciséis años desde que la industria de capital de riesgo se empezó a desplegar los resultados son asombrosos. Según cifras oficiales, desde 1993 los fondos de capital han conseguido aportes superiores a los 10.000 millones de dólares y sus inversiones han capitalizado a más de 1.200 empresas. Como resultado de este fenómeno se encuentran más de setenta compañías israelíes registradas en nasdaq y casi cuarenta en las distintas bolsas de valores de Europa.

Aunque estos números causan impresión, es todavía más interesante examinar el dinamismo con el cual se crean nuevas empresas. Conforme al Centro israelí para la Investigación del Capital de Riesgo, el país cuenta con la mayor densidad de empresas emergentes start ups en el mundo, con un promedio de una empresa por cada mil novecientos habitantes. Adicionalmente si se calculan las inversiones per capita de los Fondos de Capital Privado, Israel supera a todos los países de Europa y duplica a E.U.

¿Cómo se llegó a estos resultados en menos de dos décadas? La respuesta es una estrategia liderada por el Estado de la mano con el sector privado, mediante la cual se crearon tres programas emblemáticos.

El primero fue el fondo público Yozma, el cual fue constituido con cien millones de dólares para coaportar inicialmente con inversionistas institucionales y corporativos en empresas emergentes con potencial.

Las otras iniciativas exitosas incluyeron el Programa Magnet que respaldó la investigación científica y tecnológica entre empresas y universidades y la red nacional de incubadoras tecnológicas, que orientaron empresas emergentes durante sus primeros años de existencia.

Sin duda y como lo corroboran estudios del Copenhagen Business School el programa de mayor impacto fue Yozma, el cual una vez alcanzó su objetivo de dinamizar la industria del capital de riesgo, fue totalmente privatizado en 1998. Gracias a esta iniciativa 10 fondos fueron creados, ciento sesenta y cuatro empresas recibieron recursos de capital y se lograron ofertas públicas iniciales en los mercados de capital en un 56 por ciento de ellas.
Hoy Israel es un hub de innovación en telecomunicaciones, biotecnología y genética entre muchas otras áreas.

Empresas como Intel, Microsoft y Google e inversionistas como Warren Buffett han puesto recursos en esta nación, concentrándose en corporaciones que hace una década no existían y que en la actualidad están a la vanguardia en sus sectores.

En un libro recientemente publicado con el nombre de Start up nation, la historia del milagro económico de Israel, los autores sostienen que este 'milagro', entre otros factores culturales y sociales, es la combinación de la "proximidad de excelentes universidades, grandes empresas y compañías emergentes, dentro de un ecosistema que los conecte".

Crear ese ambiente es el reto de América Latina, e Israel nos puede enseñar con su experiencia a vencer el miedo a innovar y tomar riesgos.

IVAND@iadb.org

martes, 26 de enero de 2010

Los Eurodiputados verdes y su presión contra Colombia

Realmente la actitud del partido verde en el Parlamento Europeo no tiene sentido alguno. Reclaman bloquear comercialmente a Colombia por la violación de derechos humanos de sindicalistas. Su reacción es incoherente.

Bloquear los acuerdos comerciales que se intentan realizar entre la Unión Europea y Colombia no tiene otra consecuencia que golpear a miles de colombianos que de forma honesta trabajan y, a su vez, producen trabajo y riqueza.


Los eurodiputados deberían dejar atras ese idealismo cegado que los guía y entender que una acción positiva frente a Colombia llevará a que se protejan en mejor forma los derechos humanos, se propenda por el desarrollo, el trabajo, la seguridad y la solidaridad. Los eurodiputados tienen que entender que a pesar de los múltiples problemas que existen en Colombia, incluyendo la incertidumbre por la sucesión presidencial, el país ha adalentado proyectos sociales importantes como Acción social, Compartel o Computadores para educar. Los eurodiputados deben entender que las guerrillas de las FARC y el ELN son meras sombras comparadas con la desgracia con la que Colombia finalizó la década anterior. Así mismo, reconocer que el número de secuestros disminuyó de forma importante en el país en los años recientes. Los eurodiputados tienen que entender que Cano, Chávez y sus secuaces no son la resurrección del Che Guevara ni mucho menos una solución para nuestro país.

Los Eurodiputados podrían más bien ayudar a desarrollar algunos proyectos vitales, por ejemplo, la profundización de una reforma a nuestro sistema educativo, la mejora de nuestras Universidades públicas, la recuperación de un sistema público de salud que fue golpeado de muerte con los decretos expedidos hace dos días, la inserción en los diversos procesos sociales de los desmovilizados o la reforma a la administración de justicia. Esas acciones permitirían el reforzamiento de nuestras instituciones que, al fin de cuentas, es lo que debemos proteger y defender, como bien dijo el Rector de la Universidad Externado de Colombia, Dr. Fernando Hinestrosa.

En fin, el país recibe golpes de múltiples frentes y lamentablemente la presión es con frecuencia negativa e injusta para la gran parte de colombianos que siguen trabajando de forma positiva y constructiva por el país.

lunes, 25 de enero de 2010

Clement Thibaut y su libro "La Republique en armes"


Républiques en armes : Les armées de Bolivar dans les guerres d'indépendance du Venezuela et de la Colombie
El aut
or francés plantea en su texto “Las repúblicas en armas” una interesante y prolija radiografía de la construcción de los ejércitos bolivarianos tanto en Venezuela y Colombia durante los años de 1810 a 1819.

A través de la libro el autor se interroga cómo a través de los ejércitos bolivarianos se construyó un modelo de nación que con posterioridad fue la base para crear estados en estos antiguos reinos. Thibaud plantea como se conformaron los ejércitos después de la caída de la monarquía española por parte de las tropas francesas lideradas por Napoleón Bonaparte en el año de 1808.

Esa construcción de la historia de los ejércitos se realiza a partir de las milicias bajo el gobierno de Francisco Miranda que declinó ante el general español Domingo Monteverde y posteriormente de los ejércitos de voluntarios que se formaron en principio con la campaña admirable realizada por Simón Bolívar por el occidente y por el ejército de Santiago Mariño por el Oriente para derrotar a Monteverde. Sobre las milicias es menester señalar que fueron cuerpos territoriales de defensa no profresionales, encargados de luchar contra las agresiones externas. Para el francés de acuerdo a su investigación, éstas se conformaban por las élites locales de las cuales se escogían los oficiales. Por el contrario la tropa “ estaba formada más que todo por labriegos libres o por peones de los grandes terratenientes[1].

Luego de esa manifestación inicial de las milicias, Bolívar- con el apoyo de las élites colombianas-, y Mariño conformaron unos ejércitos a partir de la implementación de la quinta, la leva y el sorteo[2]. Estos dos generales en vez de unirse para combatir a los generales realistas Boves, Morales y Yánez se dividieron, lo que fue capitalizado por las tropas españoles. De contera, estos ejércitos realistas fueron utilizados por los pardos del llano que a su vez eran manipulados en grado sumo por la influencia religiosa en esa zona, merced a las misiones que se ubicaron allí. La mencionada influencia fue definitoria para crear de forma mítica[3] una guerra de blancos contra pardos liderada por Boves, quien se apoderó de la defensa de esas tierras y de los aprovisionamientos que no tenían las tropas patriotas quienes debían saquear los pueblos. Los llaneros tenían una forma de enfrentar su destino disímil a la gente del interior en el Virreinato de la Nueva Granada. Esa forma de lucha, luego fue capitalizada por los criollos en la derrota que les infringieron a los españoles en el año de 1819. Como se ve los llaneros no fueron autónomos, sino que fueron influenciados de forma permanente.

Thibaud plantea que los patriotas quedaron atrapados en medio de dos tesis. La primera porque consideran implícitamente a los realistas como rebeldes, y al mismo tiempo, porque defendieron la guerra nacional. En segundo lugar, porque tenían dificultades para definir el contenido, la extensión, la identidad simbólica, territorial y cultural de esa patria en nombre de la cual luchan sin cuartel contra sus enemigos[4].

Con posterioridad de nuevo, los patriotas se enfrentaron a los españoles, esta vez liderados por Pablo Morillo, quien sembró el terror en las colonias americanas. El ejército mutó luego de lograr la independencia en otro tipo de mecanismos, entre los cuales se explica por parte de francés a través de cinco fases así:

1. De 1810 a 1813 Guerra Cívica

2. De 1813 a 1814 Guerra Civil contra Boves y Yañez

3. De 1815-1816 La Pequeña Guerra.

4. De 1817 a 1818 La guerra irregular durante la cual el ejército se regulariza.

5. De 1819 a 1825 La guerra nacional o convencional[5].

Como se observa las identidades para el francés nacieron en el contexto de la guerra, permitiendo unos ejércitos que evolucionaron sobre la base del caudillismo carismático[6] y terminaron ejemplarizando sus comportamientos a través de reglamentos. Es decir, de la ilegalidad pasaron a un legalismo extremo.

Thibaud concluye indicando que la institucionalidad que nace en 1821 deviene del ejército y de sus formas de construcción social.



[1] Thibaud, Clement, Las Repúblicas en Armas, Ejércitos Bolivarianos en la guerra de independencia de Colombia y Venezuela. Editorial Planeta, Pág. 25, 2003.

[2] Thibaud, Pág. 49.

[3] Señaló que es de forma mítica, por cuanto Thibaud dice que la recreación que hace de esa lucha José Manuel Restrepo en su obra “ La Historia de las revoluciones de Colombia” no es verídica.

[4] Thibaud, Pág. 132-133.

[5] Thibaud, Pág. 510.

[6] Expresión tomada del sociólogo Max Weber.

martes, 19 de enero de 2010

La sentencia C-931 de 200 de la Corte Constitucional: Una querella entre la historia y el derecho

Entre las últimas sentencias de la Corte Constitucional Colombiana se destaca una muy curiosa, pero que plantea una seria e interesante discusión entre la historia y el derecho.

La sentencia C-931 de 2009- M.p- : Dra. María Victoria Calle Correa abordó la demanda de constitucionalidad contra la ley del 21 de mayo de 1851 sobre la libertad de esclavos. Esta ley tiene un importante contenido histórico por cuanto terminó con la esclavitud formalmente en Colombia. En la ley se establece como otorgar la carta de libertad de los esclavos, el avaluó y la indemnización a los tenedores de esclavos, las funciones de las juntas de manumisión, entre otras aspectos.

La Corte, con justa razón, resolvió inhibirse por considerar que habría carencia actual de objeto de juzgamiento. El razonamiento de la Corte es coherente cuando señala que si “ una norma se encuentra fuera del ordenamiento jurídico en razón de su derogación, bien sea expresa, tácita u orgánica y, en consecuencia, carece de vigencia, no tiene objeto alguno efectuar el pretendido control de constitucionalidad, a menos que tal norma derogada continúe produciendo efectos jurídicos”.

En el caso concreto de la Ley del 21 de mayo de 1851, el tribunal consideró que la misma fue derogada: “ (...) con la expedición de las Constituciones de 1853, 1863, 1886 y 1991, en las cuales se elevó a rango constitucional la prohibición de la esclavitud y la garantía de la libertad personal”. En igual sentido, la Corte anotó que: “(…) el contenido normativo de la ley acusada ya se agotó en su momento, toda vez que sus efectos estaban dirigidos a cumplirse en un lapso de tiempo que debió culminar durante la segunda mitad del siglo XIX. Los destinatarios de esta ley era la población esclava que existía para la época de expedición de la ley demandada, respecto de la cual se declaró su libertad e igualdad de derechos. Hoy en día, es claro que no existen destinatarios de esa ley.”

Hasta hay, todo iba muy bien. Lo que me sorprendió fue que dos magistrados, Juan Carlos Henao y Luis Ernesto Vargas Silva salvaron su voto con el argumentos que la ley del 21 de mayo de 1851 seguía produciendo efectos jurídicos por la existencia de una omisión legislativa relativa. Los efectos para los magistrados se refieren “ al concerniente al goce de los mismos derechos y la asunción de los deberes a cargo de todos los ciudadanos”.

Esta postura de los magistrados ponentes plantea una querella de fondo entre la historia y el derecho consistente en el intento de institucionalizar de forma anacrónica un aspecto de la historia. Un pronunciamiento de la Corte Constitucional con todo el catálogo axiológico valorativo presente, de una ley de manumitión de esclavos de 1851, conllevaría a juzgar una ley y un contexto con las categorías teóricas y jurídicas del presente. La ley de 1851 es una norma que tuvo un sentido en la historia, que ha sido utilizada por los historiadores para dar cuenta de un momento histórico determinado y que tuvo un lugar de producción.

El riesgo de juzgar ese tipo de medidas permitiría institucionalizar el estudio de la historia de forma unidimensional. En Francia, el historiador Pierre Nora ha planteado un debate sobre este particular no contra los jueces, pero si contra el parlamento que en los últimos años ha expedido leyes que reconocen el genocidio de los armenios o el esclavismo en Francia durante los siglos XV,XVI, XVII Y XVIII al tiempo que sancionan penalmente la alteración de esa verdad, decretada por la mayoría en el Parlamento. Con esa medidas los historiadores que tratan de utilizar las categorías de la época, que utilizan registros y archivos de ese tiempo para explicar una problema histórico específico, corren el riesgo de ser penalizados por ese tipo de verdades legales al ser tildados de negacionistas. En el caso colombiano no se ha llegado tan lejos. Esta pifia de los magistrados es parte del corto-circuito que existe entre la Historia y el Derecho, cuando más bien su relación debería basarse en un trabajo conjunto. Sin embargo en los últimos años se hacen a granel “Informes de la verdad” para explicarnos sin matices que pasó en un hecho determinado.

La pregunta final que surge es: ¿Y quien se atreverá a cuestionar la “verdad? Nadie, porque la verdad es única y, entonces, ¿Para que servirá la historia?...

domingo, 17 de enero de 2010

El comunismo cubano se instaló en Venezuela

Chávez con su nueva medida de expropiar la cadena Colombo -francesa de supermercados "El Exito" demuestra la inexistencia de libertad en Venezuela. Un país sin libertad de empresa, de expresión , garantías judiciales y sin respeto al derecho de propiedad no puede catalogarse democrático. Venezuela es un régimen comunista, estilo la pauperrima "Cuba". Las medidas de Chavez deberían poner a pensar a los regímenes que acompañan a este dictadorzuelo latinoamericano. Es una lástima que la "nueva izquierda latinoamericana" como se título un libro publicado por Editorial Norma vitral hace algunos años, terminó siendo el adefecio en que se convirtió.

Ahora, el sátrapa venezolano anuncia la expropiación del Centro comercial Sambil, ubicado en La Candelaria, centro caraqueño, para convertirlo, imagino yo, en un centro de distribución de neveras y productos de aseo...

Desgraciadamente, la democracia en Venezuela termiñó y por ende, al no existir mecanismos de contrapoder, este nefasto personaje impedirá gracias a la concentración del poder que tiene, cualquier voz disidente.

jueves, 7 de enero de 2010

Lamentable: Argentina recuerda a sus verdugos


Foto: Reuters (Tomada del Diario Portafolio)

En una noticia que denota el contagio de verguenza chavista en el continente, la Presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kichner retiró del cargo al presidente del Banco Central, Martín Redrad
o, por negarse a usar reservas monetarias para pagos de deudas soberanas. La razón "mala conducta e incumplimiento de sus deberes.

La decisión de Fernández recuerda dos cosas. Una, los años aciagos de la dictadura, cuando las ramas del poder público eran distribuídas entre los generales y , en segundo lugar, las crisis económicas argentinas en las cuales la irresponsabilidad en el manejo de su economía han sido la regla.

Chávez debe estar de plácemes. Otro esperpento en Latinoamerica.

martes, 5 de enero de 2010

Consejo Constitucional francés tumba impuesto por contaminar

El 29 de Diciembre de 2009, el Consejo Constitucional Francés declaró inconstitucional la ley que aprobó la taxe carbone- impuesto por la contaminación por el uso del carbono- por considerar que contravino el principio de igualdad en las cargas públicas- égalité devant les charges publiques. El Consejo consideró que la ley debió incluir la energía producida por las centrales nucleares, planteó que no eran constitucionales las excepciones y exoneraciones hacia a algunos sectores económicos: transportes terrestre, marítimo, agricultura etc. Este tipo de medidas contrarían la constitución,

Con esta decisión el Gobierno de Sarcozy cierra el año con una enorme derrota a tres meses de las elecciones regionales. En síntesis, Sarcozy el campeón de la defensa del medio ambiente, le salió mal la partida tanto en Francia con esta decisión del Consejo, como en Copenhague por el cerrado fracaso que puso en duda el peso del soft power de la Unión Europea que lideró con los daneses.

Véase decisión:

http://www.conseil-constitutionnel.fr/conseil-constitutionnel/francais/actualites/seance-pleniere-du-29-decembre-2009.46788.html

Camus, gran escritor del siglo XX a 50 años de su muerte

Hace 50 años murió Albert Camus. El escritor que simbolizó la post-guerra en Francia ha generado una serie de debates en torno a sus novelas, a su teatro y a su crítica política. Camus no ha sido ajeno en mi vida. Lo recorrí y lo sigo haciendo, reconociendo su prosa en libros maravillosos como “La chute”, “L’étranger”, “La peste”, sus obras de teatro “Caligule” y la parte de su autobiografía “Le premier Homme” que poseía al momento de su muerte en un torpe accidente de carro el 4 de Enero de 1961.

Su debate con Sartre le causó ciertos estragos. El filosofo lo acusaba de “traidor” por no ser un epígono de la Unión Soviética y de Stalin. La historia demostró que era el pobre francés de origen argelino quien tuvo razón, sobre el intelectual de Saint- Germain de Près. Su muerte prematura privó al mundo de un gran pensador. El deseo de Sarcozy de trasladarlo al Panteón, más allá de las molestias que genera en el día a día político de la oposición, permitiría a miles de personas de conocer a Camus. Su publicidad sería excepcional.

Camus fue juzgado por su origen humilde. Luego de recibir el Nobel de literatura en 1957, le dirigió una carta a su profesor de escuela Louis Germain que lo promovió y le rogó a su madre que le permitiera su educación. Camus indicó:
Sans vous, sans cette main affectueuse que vous avez tendue au petit enfant pauvre que j’étais, sans votre enseignement, et votre exemple, rien de tout cela ne serait arrivé.”

Un gran hombre, como lo atestiguaron esas palabras.

Los dejo con el debate que se realizó en la emisión Bibliotèque Medicis con su hija Catherine y los expertos Jacques Fernández, Virgil Tnase y Agnes Spiquel.