jueves, 13 de mayo de 2010

Europa tambalea y Barroso la enlodaza

La propuesta presentada por el Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso es incomprensible y contraproducente. Barroso planteó que en adelante cada uno de los Estados de las Unión, presentará el proyecto de presupuesto a la Comisión Europea con antelación a su sometimiento a su respectivo Parlamento interno. La razón: coordinar una política de disciplina presupuestaria entre todos los países.

Esta medida es incomprensible por dos razones. En primer lugar, atenta contra el principio democrático en la medida en que se estaría delegando el poder soberano que radica en los parlamentarios elegidos por el pueblo, en una tecnocrácia con ínfulas federalistas que se encuentra instalada en Bruselas. En segundo lugar, porque no tiene sentido sacrificar los países de la Unión cuando no existe una regulación sobre el sector financiero que se ha encargado de multiplicar sus utilidades, gracias al endeudamiento de los mismos países, sometidos al escrutinio- Grecia, España, Portugal e Italia-, de la Comisión Europea y ahora del exitoso y flamante Fondo Monetario Internacional.

Es contraproducente por qué no solo Barroso y su Comisión son vistos en Europa como un grupo de tecnocratas que ganan mucho y que hacen poco por Europa, sino porque no entienden que justamente en periodos de crisis económicas internas, como se percibe en toda Europa, los espíritus nacionalistas se acrecientan y las poblaciones se extreman. No es casualidad que los partidos de ultra- derecha comiencen a recuperar sus antiguos adherentes y que comience a sentirse un cierto hálito anti-europeo.

Leyendo en estos días la correspondencia de Stefan Zweig, la reacción frente a lo que sucede en Europa no deja de inquietar. Zweig rememoraba como a finales del Siglo XIX en el Imperio Astro-hungaro todo estaba en su lugar, no había grandes guerras. Luego fue la hecatombe merced a la terrible situación económica que engendró la construcción de movimientos políticos extremamente nacionalistas que, a su vez, reconstruyeron chivos expiatorios como los judíos o los ziganes.

Europa es un constructo de muy pocos años. Salidas, como la de Barroso, pueden ayudar a estocar la Unión, el euro, revivir las monedas nacionales- ya hay grupos en Alemania de centro que hablan de reconfigurar el marco como moneda local- y, con ello, cerrar fronteras. La pregunta que puede surgir es si esa tranquilidad de Zweig del siglo XIX no podría ser la nuestra de finales del XX. Amanecerá y veremos.