domingo, 18 de marzo de 2012

Columna de Abdón Espinosa Valderama el "El Tiempo" sobre el Maestro Hinestrosa: "Dechado liberal de juristas y virtudes"

Mucho se ha escrito en memoria de este dechado liberal de juristas y virtudes, Fernando Hinestrosa Forero. Pero el conocimiento que de él tuve no me permite limitarme al homenaje de un silencio emocionado sobre cuanto su existencia representó en fecundo magisterio, en creación y defensa de instituciones democráticas, en guarda vigilante de la libertad y demás valores por ellas consagrados. Obligado me siento a dejar testimonio de lo que su vida de servicio y probidad significó para Colombia y su Estado de Derecho.

De generación posterior a la mía, lo encontré por primera vez cuando ingresó como ministro de Justicia al gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo, en reemplazo de dos colosos de la magistratura, la docencia y la dialéctica, Hernán Salamanca y Darío Echandía, quien ya tenía, por entonces, la condición de expresidente de la República.

Por lo menos curiosidad había de la forma como el flamante funcionario habría de desempeñar su cargo, en particular en el manejo de las relaciones con el Congreso, donde sus antecesores solían persuadir al díscolo auditorio y reprender severamente a sus novicios interlocutores. Los antecedentes en el discreto profesorado universitario daban a Fernando autoridad intelectual y seguridad para moverse en complicados escenarios.

A poco de desempeñar su cargo, empezamos a comprobar sus dotes de inteligencia, ilustración y ponderación. Espontánea afinidad hallamos con sus pronunciamientos y actitudes. Llegamos a ufanarnos de ser los santanderistas del gabinete en una época en que se trataba de sustituir la legislación improvisada, desmañada y no pocas veces arbitraria del estado de sitio por la que se expidiera de conformidad con el régimen de leyes.

Su consolidación exigía revisión cuidadosa de las normas heredadas del período dictatorial y esmero en que las nuevas encajaran en la revivida armazón constitucional. Pero no era esta la única faceta en que se expresaba la personalidad jurídica y democrática del nuevo ministro. Era en su actitud, en las soluciones de intrincados problemas, en sus conceptos siempre juiciosos y ecuánimes.

De resto, tenía una posición política vertical e irreductible contra todo asomo liberticida. Víctima como fue el Externado de cierres y atropellos por la llamada Regeneración, estaba siempre alerta contra cualquier posibilidad de una barbaridad semejante. No transigió con ninguna tiranía, con ninguna restricción de la libertad de pensar y opinar, con ningún desmán. Suyos eran un civismo militante y un liberalismo equitativo y moderno. Con hondo pesar y vergüenza patriótica habría observado atónito, en las pantallas de televisión, la asonada contra las instalaciones y vehículos de TransMilenio. Él, que fuera concejal ejemplar de Bogotá.

Su principal y más perdurable obra fue, conforme se ha dicho, la de hacer de la crisálida de la Facultad de Derecho del Externado una de las grandes universidades de la América Latina. Conocí esa institución meritísima en ocasional visita cuando tenía su sede en una casa en la Terraza Pasteur, sobre la carrera séptima. La regentaba con magnanimidad y sapiencia el ilustre progenitor, magistrado Ricardo Hinestroza Daza.

Recorriendo los laberintos escalonados de la portentosa sede de hoy, en cuyo bello auditorio se velaron los restos de su rector, se sorprende y admira uno ante la magnitud de la empresa de cultura que alentó y construyó, con su alma nutricia. Allí quiso que se le hiciera, como a don Francisco Giner de los Ríos, "un duelo de labores y esperanzas". Así fue el homenaje conmovido de dolientes, profesores, estudiantes, amigos y admiradores, en solidaridad con su esposa, Consuelo, y sus hijos.

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