lunes, 24 de septiembre de 2012

William Ospina en el "Espectador" El trabajo y el futuro"



Es una injusticia antigua: cuando llega la valoración de las obras hace siglos el hacedor se ha convertido en polvo. En ciertos oficios privilegiados, algunos logran acariciar fortuna y fama, respeto y reconocimiento. Pero también allí suele haber injusticia. ¡Qué poco disfrutó Shakespeare la gloria que después los siglos le han tributado! ¡Qué desdichada existencia la de Vincent van Gogh, que cambiaba sus telas por verduras en las tiendas del vecindario, y a quien el precio actual de una sola de sus obras habría permitido vivir como rico la vida entera! Ahora las obras de ese hombre que no tenía con qué pagar sus necesidades del día, son el símbolo de las tarjetas de crédito más poderosas de Europa. Ahora aparece en los billetes el rostro de José Asunción Silva, quien se suicidó por deudas. Y los grandes teatros aplauden fastuosos conciertos de Mozart, quien fue arrojado a la fosa común.
Esos artistas tuvieron al menos la recompensa de haber amado lo que hacían, de disfrutar el proceso de creación de sus obras. Hölderlin decía a sus musas que le dieran sólo un verano más, y un otoño para pulir sus cantos; que ese jugo le resultaba suficiente, y que si podía por breve tiempo vivir como un dios, como un creador, bajaría feliz al reino de las sombras.
Sí: todo artista es afortunado por poder hacer en la vida lo que quería, y sólo el que sabe hacerlo con la certeza de una vocación verdadera, logra obras que la humanidad no quiere olvidar. Tal vez sólo eso es el tributo que las generaciones les brindan: apenas un reflejo de la plenitud que alcanzaron en su creación; y por eso tal vez no hay artista sin recompensa, ni siquiera el desdichado Van Gogh, ni el ebrio Edgar Poe, ni el salteador de caminos François Villon, siempre con un pie en el patíbulo.
¿No deberían todos los trabajadores tener una recompensa semejante? Creo que sí: la recompensa de pasar por el mundo haciendo lo que aman hacer, aquello por lo que se sienten justificados y plenos. Si todos tenemos que morir, es justo que tengamos la posibilidad de vivir la vida que queremos, no la que nos imponen las circunstancias, a la que nos obliga un orden social donde hay pocos que valen y muchedumbres que deben resignarse a lo ínfimo.
Ese sería, para mí, el pensamiento más revolucionario: no que todos tengan el poder sobre el mundo, como se pretendía antes, sino que cada quien tenga un mínimo poder sobre sí mismo: escoger su oficio y su pasión, dedicar su vida a una tarea provechosa para otros, pero satisfactoria para sí mismo. Sólo ese momento podrá conciliar el trabajo con la justicia, el trabajo con el respeto, el trabajo con el conocimiento, el trabajo con el talento, el trabajo con la salud, el trabajo con el arte y el trabajo con la felicidad.
Ello exige admitir que todo trabajo puede alcanzar la condición del arte. Yo no creo en la tesis de que las artes son sólo siete o nueve o diez. Sin duda son artes la poesía, la danza, el teatro, la pintura, la escultura, la arquitectura, la música. Y también la fotografía y el cine. Pero, ¿por qué no pueden ser arte el diseño y la gastronomía, la decoración y la indumentaria, el curar y el enseñar? ¿Por qué no pueden ser artes el pensamiento y la elocuencia, la elaboración de muebles y de instrumentos, así como los chinos piensan que la caligrafía es un arte asimilable a la danza, que la política es un arte equiparable a la música?
¿Por qué no ha de ser un arte la política? ¿Por qué no pensar que la búsqueda de armonía, de convivencia, de sentido de la belleza y de felicidad colectiva puede hacer de la política algo afín a la poesía? ¿No fue en ese sentido que Kant afirmó que la más importante de las artes es la conversación?
Llenar la vida cotidiana de sentido, de sensibilidad, de belleza y de refinamiento: eso es el arte, y no tiene nada que ver con el lujo ni con la ostentación, sino más bien con la transformación de la vida en algo significativo, donde cumplan su función las costumbres y las innovaciones, los relatos y los rituales, la belleza y el equilibrio, el conocimiento y el mito.
Para contrariar esta época, cuando el trabajo es sólo una fuerza sometida al lucro, convendría considerar como productiva toda labor que obre un beneficio social. Es un error creer que sólo hay trabajo digno de remuneración cuando alguien participa en la fabricación de mercancías. Vivimos en la era mundial de las mercancías, y todo se convierte en mercancía, como lo anunciaron los profetas del siglo XIX. No sólo los bienes de consumo, también la educación, la salud, la recreación, el sexo, la guerra, la religión, el descanso, el contacto entre los seres humanos, el conocimiento, la información, todo se vuelve mercancía: el mundo se convierte en un inmenso supermercado donde hasta los sacerdotes tienen que correr a celebrar sus oficios en las escaleras de los centros comerciales, para que ni siquiera la fe detenga las maquinarias incansables de la producción y la acumulación.
La industria, asistida por la ciencia y la técnica, transforma incesantemente el mundo, el trabajo es el instrumento de esa desvelada transformación, el ser humano sólo puede decir de sí mismo lo que decía la serpiente de Valéry: “Yo soy aquel que modifica”.

No toda novedad comporta un progreso, cualquier cambio no es un avance, cualquier transformación no es necesariamente una conquista ni un mejoramiento del mundo.
De un modo creciente, muchas transformaciones más bien amenazan con dejar al mundo peor de lo que estaba: nuestras fábricas agravan el calentamiento global y alteran el clima, los desechos ya son de verdad basura: mientras durante siglos todo lo que desechábamos volvía al ciclo de la naturaleza, ahora se acumula sobre ella y contra ella; envenenamos los mares, polucionamos la atmósfera, llenamos de basura sideral el espacio exterior.
Como extraña paradoja, empieza a ser fuente de trabajo la corrección de lo que ha hecho el trabajo. Contratamos gentes para que descontaminen, para que recojan la basura no biodegradable. Reciclar es ya un oficio, aunque se paga mucho menos por reciclar la basura que por producirla: el pobre recolector nocturno es siempre peor pagado que el que produce esos bienes que habrá que reciclar.
Hay un ejercicio que pronto los humanos tendremos que aprender a hacer: es comparar ese extraordinario teléfono celular de última generación, con diez aplicaciones nuevas cada vez más asombrosas y tentadoras (ese celular que hay que comprar enseguida para ser alguien en el mundo), compararlo, digo, con lo que ese mismo objeto será cinco años después: convertido en un adefesio pasado de moda, rudimentario y reducido a basura casi imposible de reciclar. Convertido en prueba deleznable e irrisoria de la carrera loca que ha emprendido el mundo por llegar siempre a un sitio un poco peor que aquel en que se encontraba.
Kafka, como siempre, lo dijo mejor. “Pues la vida consiste”, dijo, “en escapar de una celda que odiamos, hacia otra que todavía tenemos que aprender a odiar”. Ahora pagamos por alterar el mundo, y un día tendremos que pagar por desalterarlo. Pagamos por mejorar, o por creer que mejoramos, el mundo, pero tarde o temprano alguien tendrá que pagar por eliminar esas mejoras, que a menudo lo habrán dejado peor. ¿No acaba de revelarnos una investigación de biólogos moleculares de la universidad de Caen que los organismos genéticamente modificados, los transgénicos pregonados por la industria como la solución a los problemas de la alimentación mundial, son pavorosos venenos que llenan de tumores a los conejillos de Indias? ¿Qué especie insensata es capaz de cambiar sus alimentos probados durante cincuenta siglos por presurosas y monstruosas alteraciones impuestas por la sed de lucro, que no se dan un tiempo razonable para estudiar sus consecuencias?
¿Cómo aprenderemos a distinguir entre lo que es de verdad útil y lo que es apenas llamativo, entre lo que es necesario y lo que es apenas novedoso, entre lo que nos cambia, nos ayuda y nos mejora, y lo que apenas estimula nuestra vanidad o espolea nuestra codicia?
¿No llegará el día en que en vez de pagar por limpiar el mundo sintamos que habría sido mejor pagar por no ensuciarlo? A muchos les parece ya imposible la limpieza del mundo: y sin embargo estamos apenas en los comienzos del proceso de su enrarecimiento. ¿Cómo será cuando diez o doce mil millones de personas estén montados en el tren del consumo desaforado y del derroche irreflexivo? ¿Nos bastará el consuelo de haber tenido empleo gracias a esa industria que producía un daño colectivo?
El trabajo tiene deberes desde ahora. Pero es necesario que los trabajadores dejen de ser un objeto de tráfico; es necesario que inventores, constructores, creadores y productores sean voceros de la humanidad, defensores del planeta que habitan y que habitarán sus hijos. Y para los empresarios no será suficiente justificación brindar empleo: ya el primer deber de los empresarios es garantizar que en cien años todavía haya un planeta amable donde la vida y la muerte valgan la pena.
Y digo que no hay que considerar trabajo sólo al que produce mercancías: las sociedades tienen que considerar como trabajo productivo y benéfico, como labor digna de reconocimiento, todo lo que contribuya a la solidaridad, a la confianza de las comunidades, a su enriquecimiento espiritual, a depurar su sensibilidad; todo lo que cree alegría común, belleza compartida, espíritu de generosidad, cortesía, equilibrio y armonía con el universo natural.
No podemos seguir invirtiendo enormes presupuestos en la persecución del crimen, la hostilidad y el terror, sin comprender que la mejor manera de prevenir esas cosas es formar sociedades solidarias, con un alto sentido de su dignidad, más responsables y más capaces de firmeza y de crítica.
Sólo así superaremos esta edad en que la palabra ‘trabajo’ sigue evocando el yugo del tripalium, la tortura romana de los tres palos, el sufrimiento del tripaliare. Muchos son los desafíos que propone nuestra época, y nadie puede sentirse inútil o aburrido en un mundo donde los desafíos son cada vez más grandiosos y las luchas necesarias más admirables, porque ya no nos restringen al ámbito mezquino de nuestras necesidades personales o familiares, sino que nos exigen ser parte de la humanidad, ser creadores y ser artistas. Pronto no bastará que se nos pague en dinero: una parte importante de nuestro trabajo se nos tiene que pagar en felicidad verdadera.
Que el trabajo no sea maldición. Que llegue una época (pero eso no depende de todos sino de cada uno), que llegue el momento en que nuestro trabajo no sólo mejore al mundo, sino que tenga el poder de mejorarnos a nosotros mismos.

(Leído en el III Seminario de Protección Social ‘Trabajo y ciudadanía’).

viernes, 21 de septiembre de 2012

Programa Comunicación social- Instituciones políticas

SESIÓN 1: Presentación del programa y de las reglas de juego aplicadas a la materia.


SESIÓN 2: El Estado y las diferentes formas de Estado. Concepto de Estado y su evolución. Los elementos del Estado. Distinición con la noción de Nación.


MATERIAL DE LECTURA: VELÁSQUEZ TURBAY, Camilo. Derecho constitucional, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 1998. BARBOSA DELGADO, F, Justicia: Rupturas y continuidades, Bogotá, Universidad Javeriana,  2007.


SESIÓN 3: Las diferentes formas de Estado. Criterios para determinar las diferentes formas de Estado: territorial, relaciones entre gobernantes y gobernados. Problemas actuales del Estado.


MATERIAL DE LECTURA: VELÁSQUEZ TURBAY, Camilo. Derecho constitucional, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 1998.


ROUSSEAU, J-J, El Contrato social, Barcelona, Edit ALTAYA, 1998.


SESIÓN 4 Globalización y Soberanía del Estado


SESIÓN 5:  La democracia: base esencial del Estado de Derecho


MATERIAL DE LECTURA: CARPIZO, JORGE "Concepto de democracia y sistema de gobierno en América Latina", Bogotá, Universidad Externado, 2009, p. 71-125.


CAPUTO, Dante (Editor), La democracia en América Latina: hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas, PNUD, 2004


SESIÓN 6: Los derechos fundamentales: En el ámbito nacional

MATERIAL DE LECTURA: ARANGO, RODOLFO, Derechos, constitucionalismo y democracia, Bogotá, Universidad Externado, 2004.

SESIÓN 7: Los derechos humanos: En el ámbito internacional


MATERIAL DE LECTURA: BARBOSA DELGADO, F, Litigio Interamericano, Bogotá, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2002.


VILLÁN DURAN, CARLOS, Curso de Derecho Internacional de los derechos humanos, Madrid, Editorial Trotta, 2006.


SESIÓN 8: Actores políticos: los partidos


MATERIAL DE LECTURA. DUVERGER, Maurice, Los partidos políticos, Fondo de Cultura Económico, 1994


GUTIERREZ, FRANCISCO¿ Lo que el viento se llevó? Los partidos políticos y la democracia en Colombia 1958-2002, Bogotá, Editorial Norma, 2007.


GUTIERREZ, FRANCISCO,  ¿Más partidos? en “En la encrucijada: Colombia en el siglo XXI, Bogotá, Editorial Norma, 2006


SESIÓN 9: La rama legislativa


MATERIAL DE LECTURA


RODRÍGUEZ R., Libardo. Estructura del poder público en Colombia, Bogotá, Temis, 2006.


SESIÓN 10: La rama ejecutiva.


MATERIAL DE LECTURA: JULIO ESTRADA, Alexei. Las ramas ejecutiva y judicial del poder público en la Constitución colombiana de 1991, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2003.


RODRÍGUEZ R., Libardo. Estructura del poder público en Colombia, Bogotá, Temis, 2006.


SESIÓN 11: la rama judicial


MATERIAL DE LECTURA: : JULIO ESTRADA, Alexei. Las ramas ejecutiva y judicial del poder público en la Constitución colombiana de 1991, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2003.


RODRÍGUEZ R., Libardo. Estructura del poder público en Colombia, Bogotá, Temis, 2006.


SESIÓN 12: Los órganos independientes. El Ministerio Público. La Contraloría General. La Junta Directiva del Banco de la República


MATERIAL DE LECTURA: RODRÍGUEZ R., Libardo. Estructura del poder público en Colombia, Bogotá, Temis, 2001.


SESIÓN 13: Elecciones y Organización Electoral: Consejo Nacional Electoral y Registraduría Nacional del Estado Civil.


MATERIAL DE LECTURA: RODRÍGUEZ R., Libardo. Estructura del poder público en Colombia, Bogotá, Temis, 2001.


SESIÓN 14: El ordenamiento territorial. Principios del ordenamiento territorial. El régimen departamental y municipal. El régimen de los distritos.


MATERIAL DE LECTURA: HERNANDEZ BECERRA Augusto. Descentralización autonomía municipal y poder local en Colombia. Balance y perspectivas de un proceso a 2004. Quito,


Corporación editora nacional, 2005.


ROBLEDO, PAULA, La autonomía municipal en Colombia, Bogotá, Universidad Externado, 2009.


SESIÓN 15: El régimen económico. Principios económicos en la constitución de 1991. La planeación. El presupuestoLa banca central


MATERIAL DE LECTURA: RESTREPO Juan Camilo. Hacienda pública. Universidad Externado de Colombia. 2008.


ARANGO, RODOLFO, Derechos, constitucionalismo y democracia, Bogotá, Universidad Externado, 2004.


SESIÓN 16: resolución de dudas.