miércoles, 20 de agosto de 2014

Columna en el Diario "El Tiempo" de Francisco Barbosa: Opinar no es delinquir, una reflexión sobre trino de congresista


Lamentable la decisión de la Fiscalía General de la Nación de solicitar a la Corte Suprema de Justicia que investigue a la Representante a la Cámara María Fernanda Cabal por los delitos de injuria, calumnia, actos de discriminación y hostigamiento agravado.
La razón de la desatinada y desproporcionada postura de la Fiscalía fue la emisión de un trino en el cual la parlamentaria indicó ante una foto de Ángela María Giraldo, hermana de Francisco Giraldo, uno de los diputados del Valle asesinados por la Farc que: “(…) esta víctima saluda a las Farc muy contenta… ¿Síndrome de Estocolmo? Y “¿Esa que saluda con una gran sonrisa a las Farc es representante de las víctimas?”.
Debe recordarse que la libertad de expresión es la piedra angular de una sociedad democrática como lo ha recordado la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Constitucional colombiana.
Esta libertad constituye el medio por excelencia para que las personas, de cualquier índole, puedan comunicar diversos puntos de vista, huyendo a la unanimidad, elemento que no es propio de las democracias.
La democracia debe ser plural y su coherencia se ata a la posibilidad que las personas puedan expresar sus opiniones o ideas en el marco del pluralismo.
Esta libertad se compone de dos dimensiones. La primera es la atinente a la difusión de pensamientos, opiniones, ideas e informaciones, mientras que la segunda, es la relativa al acceso a esos pensamientos opiniones, ideas o informaciones.
La opinión de la representante Cabal abarca las dos dimensiones en tanto que expresa una opinión y, en segundo término, que los receptores de la información tienen derecho a conocer su parecer.
Antes de ordenar una investigación, el servidor público debe determinar si la denuncia que se realiza es por una opinión o por un hecho. La opinión es la manifestación de un emisor que materializa su criterio. El hecho, por el contrario, debe contener dos características: la veracidad e imparcialidad. La veracidad tiene que ver con que el hecho o enunciado de carácter fáctico pueda ser constatado. Mientras que la imparcialidad se exige del medio o del emisor al plantear que una información sea presentada con cierta distancia y distinguiendo los hechos relatados y las fuentes.
Solo frente a los hechos es posible imputar delitos, no frente a las opiniones. Una opinión no debe pasar por el rasero de la veracidad e imparcialidad, mientras que una información sí. En ese sentido, si se produce una información por parte del emisor cuya constatación plantea que ésta no era correcta, estaremos frente a una posible infracción de la ley.
Por el contrario, si lo que existe es una opinión no puede imputarse delito alguno en la medida que no constituye ni injuria, ni calumnia.
En la sentencia T-219 de 2009, la Corte Constitucional consideró: “que las exigencias de veracidad e imparcialidad no se predicaban a las columnas de opinión dado que la sociedad debe asumir como parte del pluralismo que se reivindica, incluso las opiniones y expresiones subjetivas que causen molestia o afecten el amor propio de las personas”.
Del mismo modo, la Corte Interamericana en el caso Kimel c. Argentina, aplicable a Colombia por la existencia del bloque de constitucionalidad derivado del artículo 93 de nuestra Constitución, indicó: “(…) la opinión no puede ser objeto de sanción, más aún cuando se trata de un juicio de valor... En principio, la verdad o la falsedad se predica sólo respecto a hechos. De allí que no pueda ser sometida a requisitos de veracidad la prueba respecto de juicios de valor”.
Ahora bien, los trinos de María Fernanda Cabal no pertenecen a la órbita de los hechos sino de las opiniones.
En primer término, no es una injuria porque no se hace imputación deshonrosa alguna. La representante hace dos preguntas, una sobre si existe síndrome de Estocolmo y la otra, sobre si la que saludaba en La Habana con una “gran sonrisa” era víctima de las Farc.
Esas dos preguntas son válidas y no injurian a nadie. Hablar en este caso concreto de las víctimas, ser mordaz, criticar, formular cuestionamientos son parte de la libertad de expresión y del pluralismo en una sociedad democrática como se deriva de la jurisprudencia reiterada de la Corte Constitucional y de la Corte Interamericana.
En segundo término, no es calumnia porque no hay una imputación falsa de una conducta típica. En los trinos no se denota ningún hecho que se derive en una atribución de un delito. Repito, lo que existe es una mera opinión.
Frente a la discriminación tampoco cabe ese tipo penal, porque a una opinión no puede, a través de una interpretación restrictiva de los derechos fundamentales, considerársele como vehículo para promover o instigar actos de hostigamiento a una persona o grupo de personas.
Por último, no existió el delito de discriminación porque de unas opiniones no puede concluirse impedimento, obstrucción o restricción de los derechos de la hermana del asesinado diputado del Valle.
En cuanto a la ciudadana Ángela María Giraldo Cadavid quien presentó denuncia contra personas indeterminadas por los mensajes con los que se considera ofendida, debe decirse que no procede persecución penal alguna cuando medien meras opiniones que no tienen virtualidad de ser veraces e imparciales.
Más allá de persecuciones penales por la opinión ajena, deberíamos permitir de forma plural, libre y con espíritu abierto, discutir sobre el proceso de paz y las víctimas. La verdadera paz está en la democracia, en las posturas diversas, en el respeto al contradictor. Lo opuesto será simple y llanamente, autoritarismo y mordaza.

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