sábado, 30 de agosto de 2014

Columna de Francisco Barbosa en el Diario "El Tiempo": Proceso de paz: ¿Con Historia?


La paz no es exclusivamente un asunto del presente, sino también de nuestro pasado. En el marco del proceso de paz, que se adelanta entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, se ha discutido sobre varios tópicos: sector agrario, víctimas, narcotráfico, participación en política, entre otros. La historia aparece ahora en una comisión de académicos que se acaba de conformar. Frente a su rol se advierten dos premisas.
La primera es la relativa a la noción de que nuestra historia no empezó con el Gobierno de turno o con la Constitución actual, por el contrario, Colombia recorrió un largo y tortuoso camino -como cualquier nación-plagado de rupturas y continuidades institucionales, así como de problemas de integración nacional, derivado de la idea centralista de abandono impuesta por los constituyentes de 1886. Abandonar esta primera idea sería una ligereza en la medida en que tratamos de construir mitos fundacionales ante cada suceso presente.
Desconocer la historia institucional nos ha puesto a buscar las razones de nuestro conflicto en Sudáfrica o las raíces de los problemas de la justicia en los Estados Unidos, o en las tesis importadas de los alemanes. Si supiéramos más sobre nuestro destino, no plantearíamos lugares comunes como el 'bochinche del 20 de julio de 1810' de Mauricio García, como denominó la primera república en Colombia y que generó un fuerte debate con Eduardo Posada Carbó. Lo grave de esa postura no es la discusión sobre si debe o no llamarse un período histórico de esa manera, lo absurdo es que darle la espalda a nuestra historia evita que comprendamos, por ejemplo, cómo se han estudiado importantes temas de nuestro camino histórico y cuáles son las lecciones que debemos sacar. La sociología política no puede significar pararse en el año 2014 y de, forma anacrónica, analizar apocalípticamente nuestro pasado.
La segunda premisa es la relativa al discurso idealista de la paz como eslogan, sin pensar que nuestra reconciliación pasa no solo por la formulación de políticas públicas, a través del Plan Nacional de Desarrollo, sino con la concreción de un acuerdo entre las élites regionales y nacionales. Es un evento que está lejos de hacerse tangible.
Es de nuevo la historia la que puede darnos pistas sobre este asunto en la medida en que las élites locales se convirtieron en un actor autónomo, con dinámicas propias en varias regiones del país. Esta construcción se derivó de los acuerdos entre lo local y nacional para abandonar poblaciones y privilegiar élites regionales con cargos en el poder central y autonomía en las regiones, con lo que se promovió el atesoramiento de tierras y la diversidad de actores armados durante parte del periodo republicano. Este único hecho plantea el bloqueo constante desde las regiones de políticas de impacto nacional, como infraestructura, educación, salud, servicios públicos, entre otros, y el desinterés del poder central de desentrabar esa situación. El bloqueo es el mismo que en gran parte de América Latina se impuso por parte de los terratenientes en connivencia con la Iglesia. La consigna era: sí a los esclavos, no a los hombres libres. El país no se ha articulado porque ha existido un acuerdo para mantener el statu quo. Lo demás son simples discursos, donde más allá de la concreción y la realización de derechos, se continúa una historia que fue superada por la gran mayoría de los estados latinoamericanos.
La tarea de la Comisión Histórica del Conflicto debe ser la de dimensionar esos dos aspectos y no la de servir de emisaria para dar una fecha del inicio del conflicto y así sumar más, más y más víctimas que harán este proceso infinito. La idea es dar luces, no producir sombras.
Con esto, y sin caer en un tonto adjetivismo, la historia podrá ser un vector que permita entender dónde hemos vivido, cómo podemos romper la lógica conflictual de nuestro destino y entre quiénes se debe discutir un nuevo modelo de país.​

miércoles, 20 de agosto de 2014

Columna en el Diario "El Tiempo" de Francisco Barbosa: Opinar no es delinquir, una reflexión sobre trino de congresista


Lamentable la decisión de la Fiscalía General de la Nación de solicitar a la Corte Suprema de Justicia que investigue a la Representante a la Cámara María Fernanda Cabal por los delitos de injuria, calumnia, actos de discriminación y hostigamiento agravado.
La razón de la desatinada y desproporcionada postura de la Fiscalía fue la emisión de un trino en el cual la parlamentaria indicó ante una foto de Ángela María Giraldo, hermana de Francisco Giraldo, uno de los diputados del Valle asesinados por la Farc que: “(…) esta víctima saluda a las Farc muy contenta… ¿Síndrome de Estocolmo? Y “¿Esa que saluda con una gran sonrisa a las Farc es representante de las víctimas?”.
Debe recordarse que la libertad de expresión es la piedra angular de una sociedad democrática como lo ha recordado la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Constitucional colombiana.
Esta libertad constituye el medio por excelencia para que las personas, de cualquier índole, puedan comunicar diversos puntos de vista, huyendo a la unanimidad, elemento que no es propio de las democracias.
La democracia debe ser plural y su coherencia se ata a la posibilidad que las personas puedan expresar sus opiniones o ideas en el marco del pluralismo.
Esta libertad se compone de dos dimensiones. La primera es la atinente a la difusión de pensamientos, opiniones, ideas e informaciones, mientras que la segunda, es la relativa al acceso a esos pensamientos opiniones, ideas o informaciones.
La opinión de la representante Cabal abarca las dos dimensiones en tanto que expresa una opinión y, en segundo término, que los receptores de la información tienen derecho a conocer su parecer.
Antes de ordenar una investigación, el servidor público debe determinar si la denuncia que se realiza es por una opinión o por un hecho. La opinión es la manifestación de un emisor que materializa su criterio. El hecho, por el contrario, debe contener dos características: la veracidad e imparcialidad. La veracidad tiene que ver con que el hecho o enunciado de carácter fáctico pueda ser constatado. Mientras que la imparcialidad se exige del medio o del emisor al plantear que una información sea presentada con cierta distancia y distinguiendo los hechos relatados y las fuentes.
Solo frente a los hechos es posible imputar delitos, no frente a las opiniones. Una opinión no debe pasar por el rasero de la veracidad e imparcialidad, mientras que una información sí. En ese sentido, si se produce una información por parte del emisor cuya constatación plantea que ésta no era correcta, estaremos frente a una posible infracción de la ley.
Por el contrario, si lo que existe es una opinión no puede imputarse delito alguno en la medida que no constituye ni injuria, ni calumnia.
En la sentencia T-219 de 2009, la Corte Constitucional consideró: “que las exigencias de veracidad e imparcialidad no se predicaban a las columnas de opinión dado que la sociedad debe asumir como parte del pluralismo que se reivindica, incluso las opiniones y expresiones subjetivas que causen molestia o afecten el amor propio de las personas”.
Del mismo modo, la Corte Interamericana en el caso Kimel c. Argentina, aplicable a Colombia por la existencia del bloque de constitucionalidad derivado del artículo 93 de nuestra Constitución, indicó: “(…) la opinión no puede ser objeto de sanción, más aún cuando se trata de un juicio de valor... En principio, la verdad o la falsedad se predica sólo respecto a hechos. De allí que no pueda ser sometida a requisitos de veracidad la prueba respecto de juicios de valor”.
Ahora bien, los trinos de María Fernanda Cabal no pertenecen a la órbita de los hechos sino de las opiniones.
En primer término, no es una injuria porque no se hace imputación deshonrosa alguna. La representante hace dos preguntas, una sobre si existe síndrome de Estocolmo y la otra, sobre si la que saludaba en La Habana con una “gran sonrisa” era víctima de las Farc.
Esas dos preguntas son válidas y no injurian a nadie. Hablar en este caso concreto de las víctimas, ser mordaz, criticar, formular cuestionamientos son parte de la libertad de expresión y del pluralismo en una sociedad democrática como se deriva de la jurisprudencia reiterada de la Corte Constitucional y de la Corte Interamericana.
En segundo término, no es calumnia porque no hay una imputación falsa de una conducta típica. En los trinos no se denota ningún hecho que se derive en una atribución de un delito. Repito, lo que existe es una mera opinión.
Frente a la discriminación tampoco cabe ese tipo penal, porque a una opinión no puede, a través de una interpretación restrictiva de los derechos fundamentales, considerársele como vehículo para promover o instigar actos de hostigamiento a una persona o grupo de personas.
Por último, no existió el delito de discriminación porque de unas opiniones no puede concluirse impedimento, obstrucción o restricción de los derechos de la hermana del asesinado diputado del Valle.
En cuanto a la ciudadana Ángela María Giraldo Cadavid quien presentó denuncia contra personas indeterminadas por los mensajes con los que se considera ofendida, debe decirse que no procede persecución penal alguna cuando medien meras opiniones que no tienen virtualidad de ser veraces e imparciales.
Más allá de persecuciones penales por la opinión ajena, deberíamos permitir de forma plural, libre y con espíritu abierto, discutir sobre el proceso de paz y las víctimas. La verdadera paz está en la democracia, en las posturas diversas, en el respeto al contradictor. Lo opuesto será simple y llanamente, autoritarismo y mordaza.

Entrevista de Francisco Barbosa con la Radio de la Universidad Nacional de Colombia por fallo de la Corte Constitucional en caso de San Andrés y Providencia.

El día 14 de junio de 2014, me entrevistaron en la Radio de la Universidad Nacional sobre el fallo C-269 de 2014 sobre la constitucionalidad del Pacto de Bogotá y su incidencia en la controversia por la soberanía del archipelago de San Andrés y Providencia.

Los dejo con la entrevista:

http://www.unradio.unal.edu.co/nc/resultados-de-busqueda.html