lunes, 13 de abril de 2015

Artículo de Francisco Barbosa en "El Tiempo: Carlos Gaviria, muerte de una idea constitucional

La muerte de Carlos Gaviria Díaz es un suceso lamentable para el país. Concluye la obra de un jurista, de un hombre de cultura que a través de una idea constitucional definía, con virtudes y defectos, los pilares de nuestro pacto político de 1991.
La vida de Gaviria fue rica en múltiples sentidos. Profesor, decano y vicerrector de la universidad de Antioquia, activista de derechos humanos, juez, magistrado, político y por supuesto, hombre de cultura. La más fulgurante fue la de magistrado de la Corte, las otras fueron facetas relevantes para moldear su pensamiento crítico que terminó exteriorizando en su paso por la judicatura.

Como magistrado se expresó en múltiples ocasiones sobre los derechos humanos y su lucha por la integración del ordenamiento jurídico internacional al sistema interno de derecho del cual resurgió “El bloque de constitucionalidad”. Se destacó por su postura frente a la dramática situación de las cárceles en la construcción de la doctrina del “Estado de cosas inconstitucionales” y la defensa de las minorías.
Fue un abanderado del control político de los decretos legislativos que se expiden en virtud de los estados de excepción, por el desdén que sentía por el estado de sitio que marcó gran parte del funcionamiento constitucional del siglo XX. De hecho su lucha en los años 80 por la defensa de los derechos humanos lo llevó al exilio en Argentina. Era la época de luchas al lado de Leonardo Betancur y Héctor Abad Gómez con quienes entendía que el derecho era útil en la medida en que se realizara.
Defendió con ahínco y pasión el “libre desarrollo de la personalidad” en sentencias como la legalización del uso de la dosis personal de droga, la eutanasia o muerte digna, la despenalización del aborto y su defensa a ultranza de la autonomía universitaria. Sus ideas las pudo materializar en un acerbo cultural incorporado en decisiones que conquistaron un espacio liberal en el pensamiento jurídico colombiano.
Su lucha continuó en la política a través de su militancia en el Polo Democrático Alternativo, en el ejercicio parlamentario y una candidatura presidencial que atrajo votantes de diferentes sectores. De nuevo, sus ideas liberales andaban de tránsito hacia el debate público; hacia la reflexión democrática y participativa.
Carlos Gaviria se va dejando un país envuelto en una institucionalidad judicial fracturada. Un presunto escándalo de corrupción en su amada Corte Constitucional lo entristeció en sus últimos días.
A pesar de su empeño por dejar la imagen de una Corte Constitucional en un alto pedestal, esta se fraccionó. Las instituciones no perviven simplemente evocando su historia. Lo que se requiere para que se preserven los legados son hombres y mujeres que encarnen sus ideas. Si esto desaparece, las instituciones se desvanecen.
Con la desaparición de Carlos Gaviria muere una idea constitucional, un modelo de ilustración y decencia republicana, además de una postura democrática definida. Ojalá que su ida no signifique también la muerte de sus ideas. Requiescat in pace.
FRANCISCO BARBOSA 
*Ph. D. en Derecho Público (Universidad de Nantes, Francia), profesor de la Universidad Externado de Colombia.
@frbarbosa74
margencultural.blogspot.com

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