lunes, 13 de abril de 2015

Columna de Francisco Barbosa en "El Tiempo": Tortura en México: ¿actividad generalizada?

El reciente informe del relator de tortura de la ONU, Juan Méndez, manifestó que en México existe “un patrón de torturas generalizada” por la constatación de esa práctica en 14 casos. La reacción del Gobierno mexicano, en cabeza del subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Juan Manuel Gómez Robledo (apoyados por el canciller José Antonio Meade), fue enérgica.
Atacaron al relator Méndez de no ser objetivo. A esta crítica debe añadirse la realizada por el Gobierno australiano, que también considera inaceptable lo expresado por el experto en el caso de la política que tiene ese país frente a los migrantes.

Interesa de esta situación dos aspectos que deben tomarse en cuenta frente a este tipo de informes que día a día terminan siendo motivo de discordias para los países que sufren las críticas.
El primero es que los informes, más allá de su discusión puntual, han ayudado a elevar los estándares de civilidad y de respeto de los derechos humanos en los diferentes países. Un ejemplo de esto se da frente a las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que han permitido que los Estados, entre ellos México y Colombia, construyan políticas públicas alrededor de la capacitación de sus fuerzas policiales y armada en derechos humanos. Del mismo modo, se han realizado grandes avances desde el punto de vista constitucional en la incorporación de figuras jurídicas como el bloque de convencionalidad. De todo eso se ha beneficiado nuestra región.
El segundo es que a pesar de la importancia de esos instrumentos internacionales, tanto de carácter judicial ─hard law─ como de carácter político ─soft law─, la ONU ha sido poco objetiva con los avances en temas sensibles de derechos humanos frente a algunos países. Acusar a un país como México, potencia cultural, histórica y económica de nuestro continente, de practicar de forma generalizada la tortura es ir demasiado lejos.
No hay sino que recorrer el territorio mexicano y observar que esta práctica aislada existe en ciertos territorios como en la zona de frontera con Estados Unidos, en algunos municipios de Guerrero, Michoacán, pero no de patrones generalizados.
¿Puede un “experto” decir que existen esos patrones generalizados del uso de la tortura en un país de 122 millones de habitantes, cuando constató 14 casos? ¿Es científicamente correcto llegar a esas conclusiones?
En Colombia conocimos, y aún conocemos, las generalizaciones internacionales que nos han hecho tanto daño. México, Colombia, Brasil y otros países de la región se caracterizan por algunas malas prácticas institucionales, desigualdad, mala distribución del ingreso y patrones de irrespeto de derechos humanos. Sin embargo, decir que son Estados fallidos por parte de organismos internacionales es inaceptable. América Latina tiene una riqueza histórica y cultural que le ha permitido sobreponerse a su destino. Los organismos internacionales, entre ellos la ONU, deberían más allá de atacar, coadyuvar a América Latina a trabajar para reducir los problemas que la aquejan.
La ONU ayudaría más si mide las palabras y evita generalizaciones. Hasta la pacífica y tranquila Australia reaccionó. Esta entidad internacional debería ser más proactiva para que los Estados sean sus aliados en la estrategia de mejorar estándares de civilidad y evitar el fomento de la discordia, factor lejano a sus objetivos fundadores.
Francisco Barbosa
Ph. D. en Derecho Público (Universidad de Nantes, Francia), profesor de la Universidad Externado de Colombia. @frbarbosa74 margencultural.blogspot.com

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