sábado, 30 de mayo de 2015

Columna en "El Tiempo" de Francisco Barbosa: Justicia prospectiva y proceso de paz en Colombia

Sorprende el argumento esgrimido en los últimos meses de que solo la justicia retributiva permite la reconciliación en Colombia. Se desconocen los avances logrados en torno a otros tipos de justicia que la completan, como lo son el derecho a la verdad, las reparaciones integrales y las garantías de no repetición.
Estas nuevas formas de pensar la justicia han alterado la manera de aplicarla a nivel interno. Por esto, los jueces nacionales de nuestro continente han comenzado a cambiar la típica concepción retributiva e indemnizatoria por una justicia más cercana a las víctimas: la justicia restaurativa a la luz de los caminos de transición.
El origen de ese cambio no es otro que la audacia de los tribunales internacionales de derechos humanos que han ido más allá de la concepción de daño material y moral, para ahondar en las reparaciones como un todo. Estas concepciones por virtud de un diálogo judicial entre el derecho interno e internacional han alterado la simplicidad del derecho local en su concepción judicial.
Sin embargo, para entender situaciones complejas como la que se presenta con el proceso de paz que se adelanta en La Habana es necesario ser imaginativos y superar las concepciones históricas de la justicia. Por esa razón, el concepto denominado ‘justicia prospectiva’ evocado en el año de 1949 por el jurista uruguayo, Juan Llanbias de Acevedo es innovador. Para el jurista, este tipo de justicia permite resolver asuntos extremos, instando a que la sociedad del conflicto no deba limitarse a considerar los valores de las generaciones presentes y pasadas, sino tener en cuenta las generaciones futuras con lo cual se podrían superar los odios, los rencores y se dejaría atrás el conflicto.
Esta justicia cabría en el proceso colombiano en la medida en que la paz como derecho que sintetiza a los demás, tendría que ser elemento de cohesión para las nuevas generaciones. Es lo que debe definir a la nación colombiana. Hoy, desafortunadamente la guerra y el odio es lo que nos determina.
La justicia prospectiva cabe dentro de los parámetros de justicia transicional –verdad, reparación a las víctimas y garantías de no repetición– y su aplicación excluiría la mera retribución en virtud del margen nacional de apreciación que se aplica por la particularidad del conflicto armado de Colombia.
En La Habana debe tenerse en cuenta por dos razones. La primera, porque abandonar el conflicto significa dejar atrás valores de guerra para remplazarlos por valores de paz. Es necesario reflexionar sobre el tipo de sociedad que se tendrá en el futuro. Debe pensarse en las generaciones no nacidas para permitir que las heridas del pasado, sin olvidarlas, sean el estímulo de un futuro diferente a la retaliación y a la venganza.
El segundo, por cuanto la justicia prospectiva nos debe llevar a construir una sociedad más justa donde quepa un nuevo acuerdo social y político. Los responsables del conflicto deben pedirles perdón a las víctimas, garantizando que los hechos de violencia no se repitan. La justicia prospectiva debe acompañarse de la reparación, la restauración, si es posible, y de la acción deliberativa de la ciudadanía.
Foster Wallace en un hermoso relato que trae Nuccio Ordine en su libro ‘La utilidad de lo inútil’ (2013), escribió: “Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en dirección contraria; el pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo: ‘Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?’. Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: ‘¿Qué demonios es el agua?’". Esperemos que la reconciliación, la paz y la justicia prospectiva les permitan a las nuevas generaciones de colombianos reconocer el agua.





Francisco Barbosa*Ph. D. en Derecho Público, Universidad de Nantes (Francia), profesor de la Universidad Externado de Colombia.

No hay comentarios.: